Integridad Ideológica

Nayum Al-Masir

Soy un ser espiritual, humano y animal. Loco sensible e insumiso. Divergente profundo y transgresor. Poeta rebelde y discordante que no se somete a fundamentalismos ni dogmatismos de ninguna clase.

Las históricas y eternas guerras de la humanidad siempre se han fraguado por querer imponer a la fuerza una idea o posición ideológica con todas las consecuencias que ello conlleva. Puede resultar romántico desde un punto de vista idealista. Pero la realidad es que, querer imponer nuestras creencias, es agotador y nos mantiene en una guerra constante contra el mundo.

Los movimientos sociales se han convertido en una interminable lucha contra todas aquellas personas que disientan o se alejen mínimamente del núcleo central del ideario colectivo dentro de cada movimiento. Logrando de esta manera que dicho movimiento, sea cual sea, se estanque en anacronismos y no pueda avanzar, es decir, evolucionar como colectivo. Yo distingo tres grandes causas que engloban a otros movimientos:

Animalismo: derechos animales, liberación animal, veganismo, proteccionismo, antitaurinos, abolicionismo, etc.
Ecologismo: ambientalismo, ruralismo, antitransgénicos, antinucleares, bio-consumo, comercio justo, etc.
Humanismo: feminismo, antifascismo, anticapitalismo, provida, abortistas, unionismo, independentismo, etc. La lista es interminable.

Todos los movimientos sociales, estemos o no de acuerdo con ellos, tratan de imponer sus creencias y convicciones a la mayoría social. En mis tiempos de guerra ideológica participé activamente en las tres grandes causas y en la mayoría de sus guerrillas, y puedo afirmar que existe, en la mayoría de los casos, es decir, en la mayoría de los activistas, un fundamentalismo barato que simplemente aceptan como doctrina sin a penas cuestionarse las bases ideológicas de aquello que defienden. Esta afirmación, más que una crítica a los activistas, es una autocrítica a lo intransigente que me volví con todas aquellas personas que no veían ni sentían las cosas como yo lo hacía (y lo hago). Mis convicciones no han cambiado. Sólo ha cambiado mi forma de aferrarme a ellas.

La disidencia, como forma de rebeldía contraria a un sistema de creencias impuesto por una mayoría ideológica, que no social, es más necesaria que nunca en estos tiempos que corren. Nuestro deber, como seres sentipensantes, es cuestionar nuestro sistema de creencias y bases ideológicas para no caer en imposiciones, autoritarismo, terquedad ni fanatismo porque sólo así seremos realmente libres y hallaremos la paz en nuestro corazón.

La mayor Re-Evolución de todas se ha de librar en nuestro corazón.

Nayum al-Masir

1 comentario en “Integridad Ideológica

  1. Molesta mucho estar en cualquier grupo por esa razón, porque en esos grupos hay ideas tabú, que, o son para criminalizarlas o mejor te callas la boca porque te conviertes en una especie de “bicho raro” una “verguenza para el grupo” y he llegado a la conclusión, de que si por algún motivo es conveniente estar en uno de esos grupos, por ejemplo un sindicato, lo mejor es hacerlo para aprender a proteger tus intereses frente a los empresarios, prevenir los riesgos de sus posibles actuaciones, la inseguridad laboral… Y YA ESTÁ, sin meterse en otras historias.

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