¿En qué momento el “hablemos, escuchemos y aprendamos el uno de otro”, se ha sustituido por la frase totalitaria del “calla, escucha y aprende”?

 

Soy una persona curiosa, y por ese motivo me gusta leer artículos de opinión, tweets, y ver vídeos de diferentes ideologías. Especialmente me atraen mucho los comentarios, ya que es una manera de sondear las reacciones que la opinión del autor suscitan en el público en general.

He comentado en otros artículos que no me alineo al 100% con ninguna corriente ideológica, ya que soy una persona muy individualista, y no me refiero a no hacer nada por los demás, si no en cuanto a mi línea de pensamiento. Por tanto, cuando escucho hablar a feministas, hay cosas con las que estoy de acuerdo y con otras no. Para mí es muy difícil asentir en todo (aunque sea mintiendo) para poder ser admitido en un grupo y/o corriente social.

 

Bien, vayamos al tema en cuestión que quería tratar. Me encontraba leyendo tweets de noticias sobre casos de violencia de género, discriminación positiva, brechas salariales, micro machismos, etc. Me gusta leer sobre estos temas tan de moda entre el colectivo feminista, para conocer lo que ocurre, o lo que se dice que ocurre. Cada persona (como es normal y sano) tiene su propia opinión, y eso se constata en los comentarios de la noticia. Vas leyendo, y te das cuenta que con algunos criterios de personas cercanas al movimiento feminista estás de acuerdo, y con otros no. Lo mismo te ocurre con los comentarios de los contrapuestos a ese movimiento, y los de los que podrían encontrase en un espectro más neutral. Hasta ese momento todo correcto, pero de pronto… Empiezan los insultos y descalificaciones, que es el arma que suele utilizar la gente que se queda sin argumentos, y lamentablemente eso ocurre mucho en las redes sociales. Cada colectivo tiene sus propios insultos en sus decálogos (léase feminazi, machirulo, etc.) pero hay uno que es un comodín que sirve para cualquiera de los dos bandos, y se trata del calificativo Nazi. Es una lástima que se utilice tan indiscriminadamente, sin tener en cuenta su verdadero significado, simplemente para dejar constancia de que no estás de acuerdo con la opinión de tu interlocutor.

 

Pero lo que si me estremece profundamente, es un tantra que repiten muchas feministas dirigido hacia los hombres. No soporto el “Calla, escucha y aprende”.

 

¿Pero quién demonios te crees que eres? ¿Qué sabes tú de mi vida, de mis inquietudes, de mis experiencias? ¿Por qué debo callar, escuchar y aprender yo de ti? ¿Qué dios o diosa del Olimpo ha descendido a la tierra y te ha otorgado esa sabiduría mística? ¿Cómo te permites ser tan prepotente?

Las ideas se hablan, los interlocutores se escuchan… Y ese es el único modo de aprender. Siento desilusionarte pero, para poder crecer como persona, para aprender en esta vida, hay que escuchar. No se aprende siendo escuchado. Ser el vocero ante las masas ignorantes de la gran ideología con la que te ha lavado el cerebro el líder de tu secta, no te hace más inteligente, sino todo lo contrario.

Y déjame que te diga, ser de luz, que cuando me mandas callar, me pides que te escuche sin posibilidad de rebatirte, y me ordenas que aprenda, me estas ofendiendo.

Porque sí, todos podemos ofendernos. Creer que yo no puedo ofenderme es discriminarme, y creía que tú estabas en contra de la discriminación.

 

Oscar Ryan

Nací en Barcelona a mediados de los años 60 en el seno de una famila con grandes inquietudes artísticas. Como muchos adolescentes de aquella generación, crecí fascinado por escritores de novela negra y de ciencia ficción, como James Ellroy o  Isaac Asimov. Después de cursar los estudios de criminología en la facultad de derecho de Barcelona, emprendí mi carrera laboral en otros ámbitos ajenos a la literatura de ficción, pese a no perder nunca el deseo de escribir en ese campo. Con la llegada de la madurez retomé mis inquietudes literarias.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Qué bueno! Das en el clavo!

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