El niño se siente solo, incomprendido, falto de atención.

 

Podría hacer como los infantes medianamente sanos psicológicamente, y crearse el ya legendario amigo imaginario, pero toda una generación de “Porqueyolovalgotodistas” ha preferido crearse el enemigo imaginario, y eso tiene muchas más ventajas.

Al amigo imaginario hay que tratarlo como a un igual. Con él se comparten cosas, experiencias y juegos imaginarios. Sin embargo, el enemigo imaginario es una panacea ya que le puedes culpar de todo lo malo que te ocurra, y así liberarte tú de las responsabilidades.

 

Al principio pueden ser cosas sencillas como haber perdido una pelota. El enemigo imaginario te la ha escondido. No es culpa tuya ser un despistado y no saber guardar las cosas en su lugar. También es posible que pierdas el autobús por culpa del enemigo imaginario que te ha retrasado. No puede deberse a que seas impuntual.

Más adelante, con el paso de los años, las putadas que te hace el enemigo imaginario son más grandes. No terminas la carrera universitaria por su culpa, ya que te ha distraído o se ha confabulado con los profesores para ponerte en el examen justo las preguntas que tú no sabías. No tiene nada que ver el que tú no te hayas esforzado en estudiar.

 

Buscas un buen trabajo y no lo consigues. El enemigo imaginario ha presionado a los seleccionadores para escoger a cualquier otro candidato que no seas tú. El que estuvieran mejor preparados no puede haber sido vinculante.

 

Finalmente, cuando vas pasando por la vida sin pena ni gloria por culpa del enemigo imaginario, por fin descubres que no él no está solo, que forma parte de una gran organización que está en tu contra. Pongamos por ejemplo, el heteropatriarcado. Esta organización está formada por cientos, miles de enemigos imaginarios unidos para hacer que en tu vida, y en la de grandes personas como tú, no existan más que obstáculos para impedir que logréis lo que os merecéis.

Menos mal que vuestro grupo de amigos -gracias a twitter- ha podido descubrir a ese ente malvado. Tenéis que luchar contra él y contra todos los privilegiados que se aprovechan de la sociedad heteropatriarcal para llegar a los puestos de responsabilidad que estaban reservados (por derecho divino) para vosotros.

 

Que no te guste estudiar, trabajar y esforzarte para conseguir tus metas, no es suficiente motivo para sufrir la discriminación que tanto te ofende. Todo es culpa del maldito enemigo imaginario.

Por suerte, en los tiempos actuales, la gente y los medios te creen. Si este argumento lo hubieses utilizado hace veinte años, posiblemente te hubiesen llevado a visitar al psiquiatra.

Nos hemos convertido en una sociedad que es carne de manicomio.

Oscar Ryan

Nací en Barcelona a mediados de los años 60 en el seno de una famila con grandes inquietudes artísticas. Como muchos adolescentes de aquella generación, crecí fascinado por escritores de novela negra y de ciencia ficción, como James Ellroy o  Isaac Asimov. Después de cursar los estudios de criminología en la facultad de derecho de Barcelona, emprendí mi carrera laboral en otros ámbitos ajenos a la literatura de ficción, pese a no perder nunca el deseo de escribir en ese campo. Con la llegada de la madurez retomé mis inquietudes literarias.

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