Por favor, no me mate señor terrorista

Nací en Barcelona a mediados de los años 60 en el seno de una famila con grandes inquietudes artísticas. Como muchos adolescentes de aquella generación, crecí fascinado por escritores de novela negra y de ciencia ficción, como James Ellroy o  Isaac Asimov. Después de cursar los estudios de criminología en la facultad de derecho de Barcelona, emprendí mi carrera laboral en otros ámbitos ajenos a la literatura de ficción, pese a no perder nunca el deseo de escribir en ese campo. Con la llegada de la madurez retomé mis inquietudes literarias.

Nos levantamos día sí, día también, con nuevas noticias sobre atentados. Vamos adquiriendo cada vez más números en la rifa de la muerte, tal vez mañana seas tú el agraciado.

¿No van a parar los terroristas? ¿De verdad desean vernos a todos muertos?

Cada vez que nos ponemos en el perfil del Facebook la banderita del país que ha sufrido el último atentado, llevamos flores, encendemos velas, y cantamos canciones de paz y amor, los terroristas se acojonan. Para ellos eso es un duro golpe, y conseguimos que vean con claridad que no tienen futuro, que vamos a vencerles.

¿De verdad alguien se cree eso?

Tal como escribió en uno de sus artículos Arturo Pérez-Reverte, es la guerra santa, idiotas.

Ellos están en guerra contra nosotros, y cuanto más tardemos en entenderlo, más perdidos estaremos.

—Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia —este es el grito de guerra, y la proclama, que les motiva.

Nuestros antepasados lucharon con todas sus fuerzas para conseguir una sociedad más justa, con más libertades, con igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. ¿Es así nuestra sociedad? Sin duda alguna no. Continúa siendo injusta, existen desigualdades, corrupción, abusos de poder, y mil aberraciones sociales más, sin embargo, estaríamos en el camino de lograrlo, si no fuese por nuestros enemigos.

Sí, digo enemigos, ya que deberíamos empezar a llamar a las cosas por su nombre. Ser políticamente correctos no nos conducirá a la victoria. Porque vuelvo a repetirlo, estamos en guerra. Y si no me crees, vas y se lo cuentas a los familiares de las víctimas de sus ataques.

Ya de entrada, exigiría reciprocidad.

Reciprocidad:

Del lat. reciprocĭtas, -atis.

  1. f. Correspondencia mutua de una persona o cosa con otra.
  2. f. Gram. Cualidad de recíproco (‖ que tiene como antecedente otros argumentos del mismo predicado).

Real Academia Española

¿Somos tratados nosotros cuando visitamos sus países, del mismo modo, como nosotros los tratamos a ellos? ¿Es posible tener libertad de culto religioso? ¿Tienen las mujeres los mismos derechos que los hombres? ¿Existe la libertad de prensa?

Si nosotros tenemos que adaptarnos a sus costumbres y leyes cuando visitamos sus naciones, ¿Por qué ellos no tienen que hacerlo?

La respuesta es sencilla. No quieren, ni van a hacerlo. No están aquí para adaptase y cambiar, están aquí para hacerte cambiar a ti.

Seguro que piensas que esta es la reflexión de un estúpido, y no estás de acuerdo conmigo. Tal vez tengas razón y es mejor que olvides cuanto antes este artículo. Bueno, todo no. Acuérdate del título del mismo, y repíteselo a nuestro querido terrorista cuando te encañone con su fusil.

Por favor, no me mate señor terrorista.

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