Para convertirte en un buen dictador, ya sea en una secta, grupo de opinión, o país (en caso de que pienses a lo grande) los parámetros son prácticamente idénticos. Si estas decidido a dar el paso, y convertirte en líder supremo, te aconsejo que leas este decálogo.

 

  • Toma plena conciencia de que ocurra lo que ocurra, siempre vas a tener la razón.

 

  • Identifica un enemigo, no importa si es palpable o imaginario, eso ya depende de tu capacidad de observación o espíritu creativo. Como ejemplos reales puedes elegir entre comunistas, fascistas, liberales, progresistas, anarquistas, feministas, machistas, negros, asiáticos, blancos, heterosexuales, homosexuales, lesbianas, transgéneros, o un largo etcétera, incluidos los habitantes del pueblo de al lado. Si eres creativo, y quieres iniciar un movimiento social imaginario, puedes inventar tu propio enemigo, incluso diseñándolo tú mismo, aunque a priori parezca una completa estupidez. Por ejemplo, “Los Proturianos”: sociedad secreta que controla a los gobiernos mundiales, y cuyo objetivo es eliminar el color azul en el mundo.

  • Una vez hemos elegido nuestro enemigo, vamos a crear un discurso en el que, por supuesto, le vamos a culpar de todos los males de la sociedad. Debemos tomar consciencia de que, a partir de este momento, ya no existen los tonos grises, los matices, ni el espacio para la discrepancia. Todo es blanco o negro, bueno o malo, sin posibilidad de discusión.

 

  • Ahora ya tenemos a nuestro enemigo, y nuestro discurso contra él. Ha llegado el momento de elevar nuestra argumentación de teoría a dogma. La ventaja del dogma es que no necesitaremos demostrar nada. Nos encontramos ante un asunto de fe, y por tanto incuestionable.

  • Llegados a este punto, debemos encontrar a nuestros adeptos. Cuanto más débil sea la persona, más frustrada emocionalmente, más inadaptada y más falta de cariño, más sencillo nos resultara  atraerlo a nuestro grupo. Esta tipología de individuos es fácilmente sugestionable, ya que, con toda seguridad, nunca han pertenecido con anterioridad, por su carácter solitario y asocial, a ningún colectivo. Tras un periodo inicial de alabanza hacia ellos, algo de lo que nunca han disfrutado, para hacerles sentir medianamente cómodos, debemos meterles en la cabeza que el causante de todos sus problemas es el enemigo que previamente hemos creado. Este adversario es el que le impide crecer como persona, el que usurpa sus derechos, el que roba lo que le pertenece, el que le oprime. En definitiva, el causante de todos sus males.

 

  • Cuando ya tenemos unos adeptos que han comprendido nuestro discurso, comienza la labor de convertirlos en radicales. Deben aprender tres o cuatro frases que hay que repetir hasta la saciedad, convirtiéndolas en un tantra cuasi religioso. Ejemplo: “Los Proturianos gozan de todos los privilegios; Los Proturianos son la clase dominante, etc.” Hay que hacerlos sentir útiles, importantes, seres bañados de la luz espiritual, defensores de la verdad universal, y nuestros mensajeros ante el mundo, para esparcir nuestros conocimientos y construir una nueva sociedad. En definitiva, convertirlos en voceros del dogma.

 

Que te aproveche tu nuevo estatus de líder mundial.

 

Oscar Ryan

Nací en Barcelona a mediados de los años 60 en el seno de una famila con grandes inquietudes artísticas. Como muchos adolescentes de aquella generación, crecí fascinado por escritores de novela negra y de ciencia ficción, como James Ellroy o  Isaac Asimov. Después de cursar los estudios de criminología en la facultad de derecho de Barcelona, emprendí mi carrera laboral en otros ámbitos ajenos a la literatura de ficción, pese a no perder nunca el deseo de escribir en ese campo. Con la llegada de la madurez retomé mis inquietudes literarias.

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