Existe una palabra que cada vez que la escucho me provoca nauseas, me hace poner los ojos en blanco, cruzarme de brazos y pensar en la deshonestidad intelectual de una persona.

El término en cuestión es ‘’patriarcado’’ (y todas sus variantes). Cuando escucho esa palabra me entra una combinación de risa, miedo y asco. Normalmente es síntoma de que el debate ha terminado en mi cabeza: la persona automáticamente lo pierde, yo dejo que se explaye porque da igual lo que yo diga, pues esa conjunción específica de vocales y consonantes se usa como si fuese un argumento real, lo que suele ser un indicativo claro de que tu interlocutor no quiere debatir, quiere otras cosas.

 

El patriarcado, por definición, es un sistema social intrínseco en las culturas europeas, en la que los hombres (opresores) suprimen deliberadamente a las mujeres (oprimidas). No me considero un experto en historia universal, pero una cosa que sé de ésta es que cuando un grupo oprimido ha intentado alzarse contra sus opresores, han sido brutalmente aplastados.

 

Si miramos mi punto anterior, hay una disonancia bastante fuerte ya que el feminismo sería acallado y apartado, pero en su lugar es apoyado de manera vehemente por parte de medios de comunicación, empresas, sociedades y organismos gubernamentales (curiosamente, todos aquellos instrumentos que el feminismo asocia y define como patriarcado). Algunos dirán que mi argumento es escueto y reduccionista, pero tampoco voy a perder más el tiempo con algo que no existe como los gnomos, unicornios, las hadas o el patriarcado.

 

Lo que nunca me había llegado a plantear es que a lo mejor si hay un sistema social que controla y vulnera a más o menos la mitad de la población: el ‘’MATRIARCADO’’ (chan, chan, ¡chan!). ¿Qué es el matriarcado? (se preguntarán). Es el equivalente al patriarcadodesde una óptica feminista; un movimiento ideológico que controla la sociedad de manera consciente y subconsciente para la dominación de la mujer sobre el hombre.

Este razonamiento puede sonar ridículo, pero no lo es. Entonces, ¿cómo puedes negar el patriarcado y a la vez decir que existe un matriarcado? Fácil; usando el método científico. Voy a poner una serie de ejemplos sacados de la fase de observación. ¡Allá voy!

 

Desde esta web se puede poner en tela de juicio al subnofemimarxismo televisivo (yo también puedo inventarme términos que no significan nada). No es el único sitio: hay otros portales web, cuentas de Twitter (aunque si las usas para eso quizás acabes fuera de la plataforma) o Youtube, donde pueden desmonetizarte el vídeo e incluso el canal. De los grandes medios de comunicación ni hablemos; en España no se puede hacer crítica de este movimiento. Si a un insensato se le ocurre salirse del guion, ¡cielos! Si quiere sobrevivir al linchamiento público, más le vale volverse un ermitaño en las montañas.

Podría poner como ejemplo una ley de violencia de género que criminaliza casi de manera automática al hombre, y que prácticamente lo vulnera de su derecho de presunción de inocencia; de cómo no hay institutos para proteger al varón de la violencia ‘’doméstica’’ o cómo no se le presta atención en casi ninguna institución social, pero eso sería demasiado fácil.

 

Prefiero ir a lo pequeño, a los diminutos engranajes del matriarcado para señalar algunas pequeñas prácticas de este sistema social injusto, autoritario y tiránico. Uno de estos ejemplos son las modas masculinas: ¿¡qué hombre en su sano juicio vestiría con pantalones de tiro bajo!? Algunos piensan que es una moda para intentar marcar más el atributo sexual, así se obtendrán mejores resultados en la acción del cortejo previo al apareamiento, ¡pero eso es un error! La cruda realidad es que es una confabulación del matriarcado para mantener nuestras gónadas apretadas.

Otro ejemplo claro está en el trabajo. Normalmente, la manera más simple de que una mujer pueda ganar algo de dinero si se queda sin trabajo es siendo limpiadora o cuidadora, trabajos poco exigentes que no requieren titulación. Un hombre no puede entrar en estos trabajos si queda desempleado, el maligno y retorcido sistema matriarcal le impedirá realizar estos trabajos creando prejuicios sociales para que los hombres no puedan realizar estas simples tareas, obligando al hombre a trabajar en otros oficios que no requieren formación como picar piedra o en la mina, y así logra el objetivo de que sus condiciones de salud sean tan pésimas que no aguanten más de cincuenta años de vida.

 

Podría poner más ejemplos, pero creo que el punto quedó claro, y seguro que vosotros, hombres, habréis sufrido muchas más de estás microagresiones (y otras menos ‘’micro’’) de esta sociedad matriarcal.

Desde aquí propongo que los hombres del mundo se unan en nombre del masculinismo: salid a la calle y quemad esta sociedad matriarcal con disturbios y violencia; o quizás haced algo productivo como leer a Voltaire y Aristóteles, en vez de invertir el excesivo tiempo libre que tenemos en sobrepensar gilipolleces.

 

 

Sir Meneillos

Las biografías son para los famosos de medio pelo y para la gente que está a punto de morir. Yo ya tengo cuatro.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. A ver: Estaba de acuerdo contigo hasta la última parte. Eso de “salid a la calle y quemad esta sociedad matriarcal con disturbios y violencia” como que no estoy de acuerdo porque es hacer exáctamente lo mismo que ellas, sin mencionar que es lo que esperan que hagamos porque supuestamente ya por definición y concepto, somos así de agresivos, y tenemos que demostrar que no es así.
    Todo lo demás dicho antes y después de esta cita, estoy muy de acuerdo y tienes mi apoyo.

    1. Se llama sarcasmo, justamente “nos propone” que hagamos lo que ellas hacen como si realmente se pudiera lograr algo positivo con esos metodos

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