Hay dos características que me definen, observador y analítico. En ocasiones, en un alarde de egocentrismo, me miro el ombligo y ejerzo estas dos características sobre mí mismo. El resultado es siempre igual, y mi capacidad de análisis dice que soy una persona introvertida: tiendo a escuchar antes que hablar, prefiero una noche de literatura o cine en lugar de un evento social, o prefiero estar en grupos pequeños y de confianza en lugar de en ‘’macrofiestas’’.

También aplico esas dos características con el exterior, con lo que me rodea. Me he dado cuenta de una dolorosa realidad: vivimos en un mundo de extrovertidos. Son cosas sutiles, pero vivimos bajo su tiranía. Un yugo casi invisible que todos deciden ignorar.

 

Os narraré algunas de mis tortuosas vivencias de introvertido dentro de esta sociedad de extrovertidos. La frase más recurrente de está ‘’introfobia’’ interiorizada, es cuando llega el viernes o sábado y escuchas lo típico: ¿Es que no sales? Desde pequeños nuestros padres, que son unos intrófobos culturales, nos obligaban a dejar la consola o el móvil para que saliésemos a la calle. Micro agresiones tales como en la cena de Navidad, cuando la familia pregunta continuamente si tienes novia o cuando te la echarás, cómo si hubiera la imperiosa necesidad de no vivir solo, cómo si les asustase tener tiempo para ellos, miedo a una forma de vivir introvertida.

 

Uno intenta refugiarse en la política, concretamente en la izquierda, ya que se hacen valedores y abanderados en la lucha de los oprimidos. Cuando en una ciudad empiezan a vivir cincuenta musulmanes por kilómetro a la redonda, pronto salen los zurdos a pedir una mezquita. Cuando una mujer dice que ha sufrido un abuso, verás a los defensores de la igualdad ir a la calle para manifestarse. Cuando se le niega la entrada al africano, se realizan tertulias y grandes líneas editoriales. Sin embargo, no verás a ningún progre poniendo el grito en el cielo si los introvertidos pedimos mesas individuales en los restaurantes (por poner un ejemplo).

 

Está conspiración -creada casi con certeza por el IBEX 35, ya que sistémicamente oprime a todo aquel que no sea un empresario multimillonario-, está diseñada con la finalidad de que los extrovertidos dominen a los introvertidos casi de manera sistemática.

En ocasiones hablo con otros introvertidos y compartimos vivencias. Algunos rompen en llanto y yo les consuelo y les doy fuerzas; no llores, no les des el gusto, algún día, crearemos nuestro propio partido político. Se estipula que somos un tercio de la población humana, apelaremos a las emociones más básicas de los introvertidos de todo el mundo, tomaremos las calles y gritaremos justicia, aunque en el fondo pediremos venganza.

 

Sir Meneillos

Las biografías son para los famosos de medio pelo y para la gente que está a punto de morir. Yo ya tengo cuatro.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Cuánta verdad. Vivimos en la tiranía de los extrovertidos. Pero entre los damnificados por el mismo hay categorías; básicamente dos: la de los introvertidos y la de los tímidos. Para los primeros esta tiranía es una lata, un coñazo que te obliga a hacer lo que no te apetece. Para los segundos es una carga a veces difícilmente soportable, un castigo divino; en la mayor parte de los casos una maldición de por vida, desde que pones el pie asocial en la guardería hasta el momento del óbito.

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