Estoy tan harta de etiquetaciones… Y sin embargo son necesarias. La generalización es necesaria para poder discernir, agrupamos patrones y los diferenciamos entre sí. La gracia está en ser consciente de la existencia de singularidades dentro de los grupos humanos, de la riqueza que alberga la variedad humana. Este reconocimiento de la existencia de lo singular es lo que nos permite comprender a las personas, tratar de ver qué lo diferencia del resto del grupo humano al que pertenece. Pero si en lugar de generalizar acerca de una etiqueta absolutizamos sobre esta… Entonces comienzan los problemas.

Cuando pensamos en términos puramente personales o tratamos de entender abriendo nuestras propias categorías es más sencillo ver con claridad la flexibilidad del etiquetado. El gran problema reside en la externalización categórica. La confusión categórica es algo sumamente habitual en los individuos, por lo que el discurso público destinado a masas ha de simplificar lo máximo posible las categorías: esto es, establecer divisiones toscas entre grupos humanos. La etiqueta del discurso político se enfoca fundamentalmente en aquellas características fácilmente reconocibles. La raza, el sexo, la religión, y demás sesgos son las divisiones humanas más frecuentes y sobre las que más se habla porque son sencillas de reconocer y suponen grandes diferenciaciones, razón por la cual suelen ser objeto de discurso político, pues los matices son anti-propagandísticos.

El etiquetado no deja de ser una forma de señalamiento, cuando se señala se establece una discriminación respecto a otros grupos que no tienen la misma etiqueta. División de masas. Si estas señalizaciones se profundizan se da un carácter especial del tipo que sea a los individuos pertenecientes a las mismas, pudiendo encontrar con facilidad por parte de un tercero un posible foco de hostilidad sencillamente utilizable.

Es inteligente por parte de un líder de masas etiquetar a las mismas. Un líder debe decir “estupideces” que tengan en apariencia una cierta razón a fin de que el discurso funcione. El discurso ha de tener fuerza, agregar matices quita fuerza al discurso, razón por la cual no se puede dar un discurso político inteligente si persigues una serie de metas que dependen de un auditorio.

En otro artículo hablaré acerca de por qué se etiqueta cada vez más.

Sofía Rincón

Filántropa de los hombres libres. Estudiosa de diversas áreas.

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