No hay que predecir el futuro para poder ver que las cuotas de género no traen nada bueno a un país. Es el caso de España, donde la vicepresidenta Carmen Calvo, mano derecha del actual presidente del gobierno Pedro Sánchez Castejón, pretende que nuestro país sigue el “brillante ejemplo” del modelo de los países nórdicos.

Dejando a un lado el sarcasmo vamos a pasar a explicar por qué las cuotas de género en el ámbito empresarial sólo producen pérdidas a largo plazo y al malestar.

 

Es cierto que en la mayoría de los casos, los puestos de altos ejecutivos y de responsabilidad empresarial están ocupados por hombres, eso no es algo nuevo.

Pero, ¿a qué se debe ésto? ¿A un patriarcado opresor que desde la sombra discrimina a las mujeres para que no puedan acceder a puestos de mayor responsabilidad? ¿O a un techo de cristal que les impide seguir ascendiendo porque, de nuevo, desde la sombra del patriarcado no se permite que las mujeres adquieran más responsabilidades?

La respuesta es mucho mas simple que eso, y lo he resaltado varias veces en el párrafo anterior: “responsabilidad”.

 


 

Muchos piensan que el trabajo de un ejecutivo consiste en sentarse en su cómodo sillón mientras les da órdenes a sus empleados y ve como éstos trabajan para él y le generan beneficios; nada más lejos de la realidad.

De hecho, un ejecutivo muchas veces tiene más trabajo que los propios trabajadores. En la mayoría de los casos suele ser administrativo, teniendo que rellenar y firmar documentos, revisando y aprobando presupuestos, comprobar estados de cuentas, por decir solo algunas.

Esto muchas veces ocupa más horas de las que un trabajador promedio suele hacer en la empresa en la que trabaja, y esto es una responsabilidad que un trabajador ejecutivo debe asumir para el buen funcionamiento de la empresa.

 


¿Qué tiene esto que ver con las cuotas de género?

Sencillo. Con el paso de los años, muchas mujeres han demostrado estar más que cualificadas para estos puestos de alta responsabilidad, después de una larga preparación de años, de adquirir conocimientos, practicar y prepararse para poder acceder a esos cargos.

 

 

Pero en los últimos tiempos, las asociaciones feministas mas radicales de nuestro país han tirado por tierra esos logros haciendo parecer que las mujeres son unos pobrecitos seres que hay que darles un empujón para poder ascender porque no pueden hacerlo solas y, a la vez, exigir independencia y declarar “empoderamiento”.

Es bastante irónico e hipócrita, dices que eres fuerte e independiente y que no necesitas depender de nadie, pero le exiges al Estado que te ponga en puestos de alta responsabilidad por tu simple condición de mujer porque…feminismo.

 


 

Y para eso surgen las cuotas de género. Unos porcentajes que hay que cumplir sí o sí para conseguir alcanzar esa tan ansiada igualdad que tanto desean, pero a costa de la mediocridad. Por ponerlo de manera simple, en lugar de aplicar una meritocracia como debería ser lo obvio, donde lo normal en una empresa es que se contrate a la persona que esté mejor cualificada, aplicamos una discriminación positiva, haciendo que haya que meter un porcentaje de mujeres a la fuerza en pos de la igualdad, y rechazando a personal que podría estar perfectamente más cualificado, independientemente de su sexo.

El feminismo moderno nos dice que las mujeres siguen discriminadas en lo que se refieren a puestos de altos directivos y que, por tanto, hay que dar mas presencia a las mujeres en los puestos de poder.

 

Y uno, llegado a este punto, se pregunta: ¿y para los puestos que no son de poder? No se pide igualdad para ser pozera, barrendera, albañil, minera, etc.

Ay…esa doble vara de medir que deja asomar las segundas intenciones que esconden bajo la falsa máscara de la igualdad.

 

Haciendo un poco de resumen, el feminismo actual dicta que las mujeres son incapaces de llegar por su cuenta a puestos de alta dirección, pero irónicamente gritan que son capaces de llegar a ello y mucho más.

Así que hay que impulsarlas, lo que por tanto hace que en retroalimentación esto les diga al resto de mujeres que no son capaces de llegar por sus propios méritos y el feminismo les va a echar una mano con distintos instrumentos legales para que puedan llegar a ser jefas o por lo menos tengan un puesto de peso a nivel empresarial.

 


Intentando imitar el modelo nórdico

Nuestra “querida” vicepresidenta Carmen Calvo nunca deja de darnos sorpresas inesperadas. Y como no podía ser de otra manera, qué mejor que intentar traer el modelo de cuotas de género nórdico a España a pesar de que varias investigadoras han demostrado que, a la larga, tuvieron un impacto económico negativo.

En un estudio de 66 páginas, realizado por las investigadoras Kenneth R. Ahren (University of Southern California — Marshall School of Business; National Bureau of Economic Research) y Amy K. Dittmar (University of Michigan at Ann Arbor — The Stephen M. Ross School of Business), hecho en mayo de 2011, se puede ver el resultado de las cuotas de género a nivel económico en el modelo sueco, dando éste como resultado pérdidas a la larga del 10% o más.

El estudio se puede ver online aquí, donde se puede descargar o verlo online si se prefiere.

En éste otro estudio de Nina Smith (Aarhus University, Denmark, and IZA, Germany), en el que habla sobre la representación femenina empresarial en materia de cuotas, donde se discuten los pros y contras de ésta medida, se puede comprobar que, a pesar de tener efectos positivos como dar una mayor diversidad de opiniones y perspectivas, los factores negativos pesan más, siendo uno de los principales la falta de experiencia en estos puestos debido a que, como dije antes, muchas de las mujeres que entran por cuotas simplemente entran por su condición de mujer, no por estar académica ni laboralmente preparadas.

 

Como conclusión final con respecto a este tema tan polémico, que siempre ha estado en un punto de inflexión, pero que ahora se encuentra a flor de piel debido a que el mal llamado “feminismo” moderno ha “tomado las calles”, ahora ven necesario luchar por básicamente dar la vuelta a la tortilla donde, aunque históricamente es cierto que la mujer ha estado relegada a un segundo puesto durante muchos años, mas bien parece que quieran proclamar una especie de venganza que un intento democrático de alcanzar la igualdad en pos de que podamos salir todos beneficiados de ello.

Lo cual abre la puerta a una reflexión final para las mujeres que se encuentra en esa encrucijada para decidir el rumbo de su vida:

¿Qué prefieres, ser valorada por tu sexo o por tus méritos?

Tazzmaniac

Opinador disidente que no se conforma con con ver sólo una cara de la moneda. Desarrollador web titulado y amante de los videojuegos clásicos.

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