Se dicen de dos herramientas imprescindibles a la hora de observar el mundo.

La conciencia de clase, te ayuda a entender que, el niño que pide limosnas en la calle, no está ahí porque quiere. Ni porque se lo merezca. Ni porque no se esforzó lo suficiente: El niño que pide en la calle, pide en la calle porque, probablemente, su situación lo llevó a ello. Porque hubieron padres que lo obligaron, que lo obligaron por infinidad de motivos. Ninguno defendible, pero todos entendibles. Porque si naces en un núcleo familiar donde tu papá es alcohólico, tu mamá sustenta su adicción a las drogas ejerciendo la prostitución, tu hermano roba y te enseña a robar, porque si te privan de estudiar para que vayas a pedir, porque sino en casa te espera un golpe, ese núcleo nocivo es todo lo que conoces. Y estos padres, probablemente, mamaron de sus padres exactamente lo mismo. Y es la falta de educación, la exclusión y el descuido de la sociedad, lo que perpetúa este ciclo una y otra y otra vez. Es, la conciencia de clase, lo que te ayuda a ver a ese niño como la víctima que es en lugar de mirarlo con desprecio.

Lo mismo sucede con la conciencia de género. La conciencia de género es la que te ayuda a entender que, hasta hace tan poco como setenta años atrás, la mujer no podía votar por ser considerada “un complemento del hombre” en lugar de una legítima ciudadana tan capaz de ejercer juicio político como su marido, su padre o su hermano. Es la conciencia de género la que nos ayuda a identificar la violencia de género como tal. La que nos ayuda a diferenciar qué fue por motivo de género y qué no. Que no es lo mismo que un hombre conduciendo su coche bajo el efecto del alcohol atropelle a una mujer pasante, que el caso de Micaela García, en Argentina, donde un hombre paseando en su coche aburrido y caliente, elija a una mujer pasante como si eligiera un consolador, la viole y luego la descarte ahogándola y enterrándola, deshaciéndose de “los restos” con el simple fin de callar a la víctima y deshacerse de las pruebas del delito. Se diferencia de cualquier asesinato premeditado por, no ser el asesinato la acción principal, sino que este es solo la forma de encubrir el delito inicial, que fue forzar a una desconocida tener relaciones sexuales sin consentimiento. Podemos ver la diferencia gracias a la conciencia de género. La que nos ayuda a entender que, hay personas que aún creen tener el derecho de poseer a una mujer por el simple hecho de ser mujer, porque aunque eso no sea hoy, una vez sí existió una sociedad patriarcal. Una sociedad donde, como mencionaba unos minutos atrás, la mujer era tan solo un complemento.

Simone de Beauvoir retrata a la perfección esta realidad que tenemos la suerte de hoy no vivir. Quienes fueron criados en esas sociedades patriarcales, criaron hijos, que a su vez, criaron otros. Y es así como hasta el día de hoy, seguimos arrastrando los vestigios del patriarcado (que no es ni de lejos, el patriarcado en sí), aunque desde luego, viven entre nosotros los hijos, o más bien los nietos o bisnietos del patriarcado, que, de funcionar la justicia como debiera, no quedarían impunes por perpetrar estos atroces delitos. La historia y el conocimiento, nos han dado la valiosa herramienta de la conciencia de género.

Pero todo en exceso es malo, dicen. Porque esta última, es un arma de doble filo. Porque, si no se aprende a distinguir cuándo han de ser usadas y cuándo no, podemos terminar encontrando conflictos donde no los hay. Y por ende, culpables, donde no los hay. “Las gafas de género” gusto de llamarles. Hay quienes, en lugar de usarlas cuando la situación lo requiere, prefieren llevarlas puestas 24/7. Y esto funciona así:

“Las mujeres tienen inmensamente más probabilidades de conseguir la custodia de un hijo en un juicio de custodia”. Con las gafas de género, identificamos el problema en la mujer, aún siendo la ganadora del juicio. ¿Por qué? Porque vemos que la mujer ha estado eternamente supeditada al rol de madre y por eso se entiende que ella es más óptima para el cuidado del niño. Cuando en realidad, la respuesta es más pragmática: Quien pierde el juicio, en la mayoría de los casos, es el padre y por ende es el padre el desventajado en la situación. ¿Por qué? Porque se entiende del padre como incapaz de ejercer la crianza de un hijo. Porque el hombre ha tenido que acarrear históricamente con ser portador de características como la fuerza y la rudeza y roles como el de protector y proveedor. El que tiene que salir a trabajar, el que tiene que ir a la guerra. Como bestia incapaz de poseer un lado paternal y por ende, menos capacitado que la madre para ejercer una crianza.

Si te digo que, en Guatemala, solo los hombres pueden recibir pena de muerte, vas a entender que excluye a la mujer porque la mujer es débil y sumisa. Cuando, en realidad, quienes mueren sistemáticamente por el único motivo de haber sido hombre, son ellos.

Así, funcionan las gafas de género. Y son una herramienta necesaria, pero hay que saber cuándo usarlas.

@Hiiiipstah

Valentina Ortiz

21 años. Mitad argentina, mitad española. Feminista pero también masculinista. Me gusta escribir y hablar de lo que no me gusta. Escritora, creadora de contenidos y opinóloga profesional.

Esta entrada tiene 8 comentarios

  1. Muy interesante Valentina. Mucho que hablar sobre el concepto “gafas de género”

  2. Uy, y las mujeres, incluídas las feministas, también son hijas del patriarcado.

  3. Un apunte: ¿no se hace una revisión léxica y de cohesión gramatical de los textos? Porque me costado una barbaridad mantener el hilo del tema debido a la pésima redacción…

  4. Yo estoy en contra de usar la palabra patriarcado ni siquiera para referirme al pasado, me gusta más “machismo en la sociedad”. “Patriarcado” me recuerda demasiado a un complot orquestado conscientemente. Las palabras son importantes, eso lo saben bien quienes se dedican a la propaganda ideológica. Y está claro que machismo sigue habiendo, pero ni de broma al mismo nivel, y está tan, pero tan estigmatizado (como debe ser) que se confunde con otras cosas.

  5. Definitivamente, no entiendes de feminismo ni siquiera de redactar bien. Revisa las cosas cuando escribes o, al menos, antes de publicar nada.

  6. Vale, una pavada pero que como comunicador también me perturba. “Hubieron” no se usa de esa forma, se usa “hubo”. http://www.rae.es/consultas/hubieron

    Va con la mejor, espero que no te ofenda.

  7. que pobre el concepto de conciencia de género, para ti solo existen hombres y mujeres? y las identidades transgéneros binarias y no-binarias ??. hay que actualizarse un poco cariño parece escrito en el siglo pasado

  8. Solo hay dos generos, los otros son problemas mentales

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