El macho, persona.

Valentina Ortiz

21 años. Mitad argentina, mitad española. Feminista pero también masculinista. Me gusta escribir y hablar de lo que no me gusta. Escritora, creadora de contenidos y opinóloga profesional.

Dentro de la lucha de género que cada vez cobra más y más protagonismo, aunque yo sepa que esto no es así en todos los sectores de los movimientos sociales que abogan por la igualdad, he podido observar un fenómeno a mi parecer, curioso. Después de mucho tiempo de estar inmersos en publicaciones de corte pseudo-feminista, se llega a concebir al hombre como bestia. Al hombre como ser de segunda categoría. La mujer: Altura, nobleza, intelecto, límite, empatía. El hombre: Salvajismo, bestialidad, dureza, rudeza, descontrol. Son conceptos que se forman a lo largo del tiempo y que no aparecen de un día para el otro.

Nos irrita cuando un mandril cualquiera generaliza a todo el feminismo en una persona misándrica y sin embargo somos incapaces de ver el paralelismo y no tenemos reparo alguno al englobar a todo el género masculino cuando vemos un tweet de un hombre que anuncia que el hombre es incapaz de controlar su impulso sexual y por eso viola. Cuando obviamente, son la inmensa minoría los hombres que violan. Pero no vemos esa letra pequeña que indica que justamente, si nos llama la atención, es porque se trata de un pensamiento minoritario.

 

Enojadas, indignadas, furiosas compartimos estos tweets hasta el hartazgo como si no hubiera un mañana. Le dedicamos todos esos insultos que se le reservan a la peor calaña de la sociedad (y ojo, no digo que esa persona no lo merezca) no obstante, como digo, no nos detenemos a pensar por qué nos resulta tan dañino y llamativo y condenamos a ese ser poniéndole encima la imagen del macho.
Esta historia se repite, una y otra vez con casos aislados de gente que no representan ni por asomo, una mayoría. Ni siquiera una mitad. Al final, tenemos el inicio de Twitter y de Facebook a reventar de imágenes del estilo y vemos muy, muy pocas odas a aquellos hombres que representan el mayoritario.


Buenos padres, hombres trabajadores, hombres que se salen de la norma de lo que ser “hombre” representa, u hombres que no son nada de todo esto necesariamente, pero que tampoco entran en el perfil de un machista, un femicida, un violador o un acosador. Pero esa es la imagen que terminamos dándoles. Al macho, en general, se lo termina tildando de inhumano.

Inhumano al nivel de no verlos como pares sino como enemigos. Inhumano al nivel de pensar “como nosotras sufrimos de esto, ellos también deberían”. Inhumano al nivel de perder toda posibilidad de empatía por aquel con cromosomas XY.

Me encontraba leyendo (y ese fue el detonante para escribir esto) que los indios huicholes tienen la costumbre de, a la hora del parto, atar cuerdas a los testículos del padre y este colocarse detrás de la madre, para que con cada contracción de la madre esta tire de la cuerda generándole dolor en los
testículos al padre a fin de “compartir el dolor”. No lo juzgo, cada cultura es un mundo y para ellos eso representa una suerte de unión familiar y afectiva a la hora de traer un nuevo integrante a sus familias. Si ellos lo hacen voluntariamente, ¿quién soy yo para juzgar? Sin embargo no es a esto a lo que apunto, sino a la repercusión que tuvo esta información en nuestra sociedad.

 

En una sociedad donde no acostumbramos a ello. Comentarios debajo del escrito que festejaban el hecho y a viva voz decían que eso mismo deberíamos hacer con los hombres acá. ¿Es en serio? Me pregunté. Sí, para esta gente sí.
Para mí, obviamente no, o no estaría escribiendo esto ahora mismo. ¿Puede ser que, no habiendo tenido esa costumbre, habiendo tenido en nuestras sociedades millones de padres ejemplares a lo largo de nuestra historia sin haber recurrido a esa práctica, tengamos ese deseo de transferirle dolor al otro? ¿Por qué nos cuesta tanto humanizar al hombre y sentir empatía con él?
¿Cómo podemos exigirles que abandonen las conductas pseudo-masculinas nocivas y que liberen su sensibilidad cuando al mismo tiempo los deshumanizamos cada día más?
Este es un ejemplo clarísimo y por eso lo utilicé, pero es un proceder que se observa todo el tiempo. Cuando reclamamos el poder renunciar a la maternidad quejándonos de los padres que lo hacen (¿en serio no ven una hipocresía magna mientras lo dicen?), cuando decimos “ojalá los violen cuando salen de noche como les pasa a tantas mujeres” porque muchas mujeres son violadas, cuando exigimos que saquen a la venta de una buena vez los anticonceptivos masculinos que causan efectos secundarios gravísimos porque “las nuestras también y las tomamos igual”… Nos topamos con que somos el mismo demonio que intentamos combatir. Pero no lo vemos, y este es el mayor error.

Cito a menudo esta frase, pero Nietzsche ya lo dijo una vez “El que lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él un monstruo. Y si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti”.
¿Por qué? ¿Se lo plantearon? ¿Por qué querer causarles dolor y sufrimiento sólo porque en algún momento nos ha tocado a nosotras padecerlo? El macho, persona.
Perder la humanidad no hace ganar en igualdad.

@Hiiiipstah

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