¿Qué está sucediendo con el feminismo? ¿Por qué se disipa la lucha y al mismo tiempo se matiza? ¿Por qué es reaccionario y sumiso a la vez?

¿Qué tiene el feminismo que causa tanto repudio y por qué mientras eso sucede, estampan camisetas feministas y las venden en grandes franquicias? Si me preguntan a mí, creo que se ha enseñado a las nuevas feministas a hablar pero no a actuar.
El feminismo ha nacido por el propio planteamiento del lugar social y político de la mujer y de la constante crítica del espacio que ocupamos en la sociedad, y de repente, no hay más crítica. No hay más planteamiento. El feminismo se ha convertido en un absolutismo donde o estás de acuerdo, o no sos feminista, mientras se levanta el cartel de víctimas necesitadas de protección, en lugar de levantar el cartel de víctimas históricas que renacen de sus cenizas y se defienden como seres capaces.

¿De qué sirve un feminismo teorizado hasta al hartazgo pero escuetamente llevado a la práctica? ¿Por qué hemos adquirido la mala costumbre de quejarnos por lo que vemos mal sin poner la parte que nos toca para cambiarlo? ¿Por qué cuando en la calle nos gritan que nos van a romper el culo, nos paralizamos y nos quedamos calladas, y al llegar a casa vomitamos las palabras en twitter apuntándolas a un colectivo abstracto y difuso: “El patriarcado”, “Los hombres”, “El machismo” y dejamos a ese intento de persona babearse y regodearse en el placer sexual que le genera decir cualquier imbecilidad y quedar impune mientras le enseña a su hijo a repetir esos comportamientos? ¿Cómo es que en noventa años de feminismo aún no entendemos de qué va el
tema de “empoderarse”?

“Es difícil, te da miedo, te paralizas, no te salen las palabras.” Sí, lo sé. Yo también soy mujer. Yo también he tenido que escuchar la opinión de diferentes babosos aleatorios sobre qué les gustaría hacer con mi culo, con mi concha o con mis tetas, también he tenido que sentir un pene añejo y desnudo en mi culo, por detrás, en el metro. Pero nadie dijo que cambiar la sociedad sea tarea sencilla. Tampoco podemos vivir eternamente tercerizando la responsabilidad ni culpando a inocentes. Si crear una revolución fuera sencillo, todos serían revolucionarios.

Empoderarse va de poder saltar esas barreras. Empoderarse no va de manifestarse, de quejarse, de expresarse por twitter, de juntar firmas o de reunirnos periódicamente con otras mujeres a hablar de lo que todas ya sabemos y llenar nuestros colerómetros. No. Eso es un intento torpe y burdo de postergar lo evitable, pero necesario.
No debería resultarnos tan difícil defendernos. Se entrena como cualquier habilidad. Es cuestión de entrenamiento no sentirte pequeña, indefensa y sumisa. Porque está todo en tu cabeza. Es todo lo que te hicieron y te hiciste pensar que eras. En realidad, es bastante sencillo. En cuanto tú te creces ante una agresión, ese agresor se hace pequeñito y de repente luce como un pobre bobalicón intentando encontrar alguna palabra que lo saque del apuro. ¿Sirve de algo viralizar quejas contra el “mansplaining” y el “Pink tax” mientras somos incapaces de cumplir con nuestra parte en lo más básico? No, señoras. Solo estamos disipando la lucha y caricaturizando un movimiento. Convirtiéndolo en algo incierto, etéreo y dogmático.
Convirtiéndolo en un club de fans.

@Hiiiipstah

Valentina Ortiz

21 años. Mitad argentina, mitad española. Feminista pero también masculinista. Me gusta escribir y hablar de lo que no me gusta. Escritora, creadora de contenidos y opinóloga profesional.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Menos palabras, más acción. Graande =)

  2. Como todo movimiento social, empieza como algo que golpea por su novedad, pero con el tiempo llega a los medios, se banaliza y el norte se pierde. Es fundamental mantener organizaciones feministas fuertes que mantengan viva la llama de la lucha originaria del movimiento feminista.

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