¿No resulta curioso lo vigente que sigue el comunismo a pesar de lo ineficaz que ha demostrado ser en la práctica y de la cantidad de muertes que ha causado?

Bueno, señalar una única causa y decir pomposamente “este es el motivo”, sería ingenuo en el mejor de los casos. Creo que existen muchos factores que influyen en esto, pero en este artículo me gustaría tratar el que yo considero como uno de los más importantes: el monopolio de la moral.

 

¿A qué me refiero cuando hablo del monopolio de la moral?
Los comunistas tienden a abanderarse como los defensores del pueblo, como paladines de la igualdad, la libertad (que vil descaro hipócrita) y la justicia. Si uno tuviese que guiarse solo por las entusiastas proclamas de los defensores del comunismo, tendría que pensar que el comunismo es la única forma de organización moralmente correcta y todas las demás son inmorales y aberrantes.
Pero, ¿en verdad las cosas son tan simples como ellos la plantean? ¿En verdad el comunismo es la única forma de organización moralmente correcta? ¿Es el comunismo una forma de organización moralmente correcta y que vaya acorde a los ideales que los comunistas dicen defender? Creo que toda crítica al comunismo debe considerar seriamente estas cuestiones. Debatir sobre la nula practicidad del comunismo no inhabilita su supuesta moralidad ,y el mundo se llena de gente que suspira apenada por no poder implementar el comunismo, al que ve como la clase de modelo utópico e ideal.

¿Y cuál es el problema de estos soñadores con la suficiente coherencia como para aceptar que el comunismo es imposible de implementar? Que aceptan la base moral sobre la cual se constituye el comunismo. Aceptan el colectivismo, el desprecio al exitoso, la creencia en la maldad de los empresarios, la repartición de riquezas, la lucha contra la desigualdad, etc.
Y acá es donde me gustaría poner en cuestionamiento la supuesta moralidad del comunismo. Como dije antes, los comunistas se venden como paladines de la justicia, la igualdad y la libertad. Luego, toda medida cruel que haya sido realizada por la gente afín a sus ideologías es justificada (en los contados casos en los que admiten de mala gana la existencia de tales atrocidades) por constituir medios para alcanzar la defensa de fines tan nobles.

“¿Que importa cuanta gente deba morir o pasar miseria? Son sacrificios que deben hacerse por el bien de la gente, por el bien del pueblo y por el bien de los trabajadores.”

Es casi irritante tener que explicar el absurdo de esta defensa, pero quiero recordar que los fines no justifican a los medios. Si uno pudiese ignorar la inmoralidad de los medios por la nobleza de los fines, entonces podrían justificarse muchas atrocidades que a simple vista nos parecen aberrantes.

 

Otro aspecto que resulta llamativo de los comunistas es su innegable colectivismo (el cual sostienen abiertamente). Y para muchos puede resultar curioso el que denomine al colectivismo como algo negativo, pero déjenme explicarles mi punto.
El colectivismo consiste en colocar los intereses del colectivo por encima de los intereses individuales. Es decir, no importa el bienestar de una de las personas de la comunidad, importa el bienestar de toda la comunidad.
¿Qué problema tengo con esto? Que muchas veces lleva a valorar a los individuos en relación al bienestar de la comunidad, y lo mismo con sus derechos. Es decir, valorar los derechos de alguien en relación a los intereses del colectivo.

 

Un buen ejemplo es el de muchas feministas (especialmente radicales), que sostienen que las mujeres no tienen que trabajar en eventos en los que lucren a través de su imagen, objetando que eso perpetúa la cosificación femenina
¿Qué importa la libertad de la mujer de usar su imagen para lo que quiera? No importa. Su libertad solo importa en relación al lugar que ocupa con respecto a los intereses del colectivo.

Ese es el problema de los colectivistas. No tienen ningún interés en que cada una de las personas tenga derechos. Les interesa que cada uno tenga los derechos que le resulten convenientes al colectivo
Pero el colectivo no es más que el conjunto de los individuos que lo componen. El colectivo en sí mismo no tiene intereses porque no es un ente consciente. A lo sumo puede hablarse de los intereses de la mayoría de los integrantes de un colectivo. Entonces, tus derechos quedan sometidos a la tiranía de la mayoría.

 

A diferencia de los individualistas, que creemos que los derechos son individuales porque cada persona es un fin en sí misma y no un medio para los fines de la comunidad, para los colectivistas las personas no son más que medios para los fines del colectivo.

 

Por eso los comunistas no defienden tu libertad. Defienden tu libertad de hacer lo que es mejor para el colectivo, tu sometimiento a los intereses del colectivo. No defienden la justicia como tal, defienden la justicia desde la perspectiva del colectivo. ¿Cómo confiar en la justicia de personas que consideran que se me puede censurar, encarcelar y hasta incluso matar si es algo realizado por “el bien del pueblo”? Tampoco defienden la igualdad. Defienden el sometimiento a los intereses colectivos en igualdad de condiciones.

 

Me gustaría enfocarme en una última cuestión porque resulta curioso que cada intento de implementar el comunismo haya derivado en totalitarismo, y considero que debemos preguntarnos por qué. ¿Cómo puede ser que quienes dicen defender la libertad del pueblo, terminen tomando medidas que derivan en el pueblo siendo sometido por tiranos? Hay otra pregunta que podríamos hacernos también: ¿quién decide el “interés del pueblo”?
Y acá nos damos cuenta de que muchos de los que hablan de comunismo (tanto a favor como en contra) no se tomaron la molestia de leer a Marx. En el Manifiesto Comunista se plantean una serie de medidas que deben realizarse para poder implementar la primera etapa del modelo marxista: la etapa socialista.
¿En qué consistía algunas de éstas medidas? (Y a quien sea escéptico con lo que voy a escribir lo invito a leer el Manifiesto Comunista). En expropiaciones de tierras, centralización del crédito (hasta el punto de conferirle al Estado el monopolio del crédito), centralización del transporte, confiscación de herencias (por una abolición al derecho de herencia), confiscaciones de las propiedades de los emigrantes y sediciosos.
¿Qué es lo primero que debería llamarnos la atención en estas medidas? Se basan en la asignación de poder y control al Estado.

¿Por qué? Porque, para los marxistas, el Estado se sostiene gracias a lo que denominan como “infraestructura”, la cual se encuentra formada por las relaciones sociales de producción.

¿Qué es esto? Para Marx, cada etapa se encontraba definida por las relaciones sociales de producción, que consisten en cómo se organiza la producción. Desde su visión dialéctica, planteó que estas relaciones sociales de producción consistían en la explotación de una clase oprimida por parte de una clase opresora.

 

En el caso del capitalismo, los opresores eran los burgueses capitalistas (es decir: dueños de los medios de producción) y los oprimidos eran los proletarios (quienes aportaban su fuerza de trabajo).
Para los comunistas, el Estado existe para perpetuar estas relaciones sociales de producción y asegurarse de que se sigan reproduciendo. El Estado sería visto como una herramienta de la clase explotadora para perpetuar la opresión de la clase explotada.
Entonces, consideran que el proletariado debe tomar el poder del Estado y usarlo para centralizar en éste el control de los medios de producción y así abolir las relaciones sociales de producción que hacen necesario al Estado.

 

Hay muchas críticas que pueden hacerse a esta idea. Puede criticarse el supuesto rol del Estado, criticarse la dialéctica en sí misma, criticarse el concepto de plusvalía que usa Marx para hablar de “explotación” por parte de la burguesía capitalista. Pero me gustaría señalar el fallo más obvio de esta teoría: la ingenuidad de centralizar todo en el Estado y luego sorprenderte porque esto deriva en un gobierno totalitario.
El Estado, para realizar sus funciones, necesita control. Ese control es expropiado de los individuos que conforman la sociedad. Mientras más poder se concentra en las manos del Estado, más libertad pierden los individuos.
Muchos comunistas sostendrían que, si el pueblo toma el poder del Estado, entonces el Estado va a servir para articular la voluntad del pueblo y que, si me opongo a la voluntad del pueblo, soy un fascista. ¿Cuantos se han topado con esta clase de defensa absurda? El llamar fascista a su interlocutor parece ser la última línea de defensa de muchos comunistas (y que conste que no estoy afirmando que todos lo hagan) y parecería una pérdida de tiempo darle algo de importancia a esta réplica. Pero analicémosla un poco.

 

La crítica que voy a hacer contra esta última defensa es simple. Déjenme citar a Mussolini hablando sobre el fascismo (voy a citar dos fragmentos de dos discursos distintos).
El primero:
“Se va hacia nuevas formas de civilización, tanto en política como en economía. El Estado vuelve por sus derechos y su prestigio como intérprete único y supremo de las necesidades nacionales. El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu el pueblo. En la Doctrina Fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo.”
Y el segundo:
“Nosotros confirmamos solemnemente nuestra doctrina respecto al Estado; confirmo no menos enérgicamente mi fórmula del discurso en la Scala de Milán: Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.”

 

¿Acaso no es sospechosamente similar al discurso de muchos acérrimos socialistas? ¿No son acaso estos autoproclamados defensores de la voluntad del pueblo quienes luego abogan por aumentar el alcance del poder Estatal? ¿Quiénes son los verdaderos fascistas? ¿Los que defienden el sometimiento de cada uno de los individuos a los intereses del colectivo y dejar en manos del Estado la satisfacción de los intereses del colectivo? ¿O los que defendemos el respeto al proyecto de vida y a los derechos inherentes a su condición humana de cada uno de los individuos que conforman el colectivo, y nos oponemos fervientemente a los avances del Estado sobre las libertades individuales?

No. No pienso aceptar que aquellos que creen que mi bienestar no es inherente a mi condición humana, si no relativo al bienestar del colectivo, y que abogan por abolir mi libertad y la de todos los individuos que me rodean para dejarla en manos del control del Leviatán, luego presuman de superioridad moral y se proclamen defensores de la libertad. Para que podamos avanzar como sociedad, debemos ser capaces de reconocer las cosas por lo que son. Y veamos al comunismo por lo que es: una ideología en sí misma perversa y totalitaria. Y, para avanzar como sociedad, debemos dejar de romantizarla y entender que debemos resistirnos con garras y dientes a toda amenaza a nuestra libertad, incluyendo al comunismo.

 

Es fundamental que quede claro: el comunismo es una amenaza a la libertad tan grande como el nacional socialismo o el fascismo. El día que aprendamos a ver al comunismo por cómo es en verdad, vamos a estar un paso más lejos del totalitarismo y un paso más cerca de una sociedad más justa y libre.

Varok

Soy alguien que disfruta dar su opinión, aunque no siempre al resto le interese saberla. Metalero y liberal libertario.

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