Antes de leer este artículo de opinión, recomiendo la lectura del artículo de Morgana sobre el Sistema de Crédito Social chino. Lo encontráis aquí.

 

Este asunto del sistema de crédito social en China no es ninguna broma. ¿Crees que eso no te puede pasar a ti? Mira a tu alrededor; mira la obsesión que hay con las redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram… crean adicción. La gente está deseando recibir un “me gusta”, que alguien comparta lo que escribe, o ser comentado. Ese es el sistema de puntos nuestro… por ahora.

Buscamos la aceptación e incluso la admiración porque, como ya hemos visto en múltiples ocasiones, las redes sociales pueden destruirte. Recientemente hemos visto el caso de Dani Mateo, quien, por hacer una broma que mucha gente juzgó fuera de lugar, ha perdido hasta contratos de trabajo por el linchamiento recibido en las redes. Así pues, ¿funciona o no nuestro sistema de puntos?

 

Tal vez no lo pensáis, o incluso no os dais cuenta, pero vivimos condicionados a lo que juzguen desconocidos; con miedo a lo que esas personas que no conocemos de nada – y que probablemente jamás conoceremos – puedan pensar de nosotros, bien sea porque no nos destruyan, o porque no somos capaces de dejar pasar una crítica aunque venga de alguien con un avatar como foto de perfil.

Ese es el poder que tiene hoy en día la opinión de los demás en la red. Nos hace vulnerables ante la necesidad de ser bien vistos.

 

Imaginad ahora que el Gobierno decidiera implantar el sistema chino en nuestro país. Sí, de primeras muchos os opondríais y pensaríais en no entrar en el juego… Pero otros tantos lo aceptarían de buen grado, pues viven tan seguros de su perfección, de estar en posesión de la verdad absoluta, que no dudarían en aceptarlo. Luego están esos otros, tan mezquinos que solo podrían pensar a quienes perjudicaría ese sistema, y lo aceptarían solo por verlos sufrir. También están aquellos que miran al presidente de su país como si fuera un Dios y su palabra sagrada, incapaces de oponerse a los “designios del señor” …

Los que lo aceptarían son más de los que creemos… Y los que no lo aceptaríamos, ¿qué haríamos? Todos los días alguien se queja de la doble vara de medir de Twitter, pero ¿cuántos abandonan la red por voluntad propia?

 

La influencia que ejercen las redes sociales en nuestras vidas va más allá: Desde hace años, muchas empresas solicitan a sus entrevistados acceso a las mismas, habiendo rechazado a muchos en base al contenido que comparten. Exactamente lo que implica el sistema de crédito social chino: acceso limitado a determinados empleos en base a tu comportamiento y opinión en sociedad.

Países como Estados Unidos se están planteando solicitar acceso a todo el contenido de tu dispositivo móvil y redes sociales para permitirte cruzar sus aduanas (entregando las contraseñas).

 

Y no hablemos de la infraestructura para establecer el sistema de vigilancia. Ese trabajo ya está hecho: Cada vez que nos registramos en estas mismas redes, entregamos toda nuestra información personal; cada vez que usamos Google Maps o el GPS, decimos exactamente donde estamos y hacia donde nos dirigimos; continuamente compartimos imágenes de nuestras vacaciones, de lo que hemos almorzado hoy y con quién; registramos en LinkedIn nuestro currículo profesional; pagamos con tarjetas electrónicas e incluso con el teléfono móvil; compramos on-line… Cada uno de nuestros pasos está registrado, analizado, clasificado…

 

Hace un año, la compañía iRobot famosa por su aspirador Roomba (Rumba) comunicaba que el robot en cuestión, para poder funcionar, almacenaba datos sobre la vivienda para la que se adquiría; y que al conectar la máquina a internet, para poder activarla con nuestro dispositivo móvil, la empresa tenía acceso y derechos sobre esos datos (así lo especifican las cláusulas de compra del aspirador, esas que ninguno leemos).

Por ello, el presidente de la compañía, Colin Angle, no tuvo reparos en afirmar que podrían vender toda esa información al mejor postor. iRobot envió posteriormente un comunicado aclarando que “no tenían planes para vender ningún dato”.

 

Algo similar ocurre con otros sistemas de “ayuda en el hogar” como la conocida Alexa, que puede controlar cualquier sistema electrónico con el que esté conectada como la calefacción, puertas, ventanas y persianas electrónicas, el televisor, el aspirador, etc.

Alexa puede ser programada para trabajar en conjunto con una nevera inteligente, y realizar la compra por sí misma cuando nos estamos quedando sin determinados alimentos.

Así mismo, podemos registrar en ella una base de datos sobre toda nuestra familia, avisándonos de cumpleaños, aniversarios, eventos de nuestra agenda…

Alexa está escuchando nuestras conversaciones… pero ¿quién escucha al otro lado?

 

Más allá de Alexa, ¿qué hay de nuestros ordenadores, portátiles, televisores y teléfonos móviles con sus micrófonos y cámaras? Una imagen muy famosa a nivel mundial fue la Mark Zuckerberg, creador de Facebook, con la cámara y el micro de su portátil tapados. Desde luego, sabe más que cualquiera de nosotros acerca de esos dispositivos, así que ¿por qué los aisla?

 

Con respecto al Google Maps o el GPS, se puede añadir que una señal de satélite vincula nuestra posición exacta, y a nuestro alrededor miles y miles (millones) de videocámaras registran qué estamos haciendo en ese instante en esa posición. Cámaras que están ahí para “nuestra propia seguridad”, a raíz de atentados islamistas, instaladas por los mismos que abren nuestras fronteras -sin ningún tipo de control o regulación- a esos mismos pueblos donde nace ese radicalismo que atenta en nuestros países, y que conllevó la instalación de dichas cámaras (bucle).

 

Cámaras que nosotros hemos aceptado sin titubear. Como también hemos aceptado que fuerzas especiales, cuando no el ejército, patrulle nuestras calles por nuestra seguridad.

Hemos aceptado que haya una vigilancia y un seguimiento de nuestra intimidad en internet, porque es por nuestra seguridad.

Hemos aceptado un estado de alarma/emergencia/excepción continuado en el tiempo -porque, a pesar de que dicen que el estado de alerta antiterrorista es algo temporal, llevamos en nivel 4 desde el 26 de junio de 2015, habiendo confirmado su continuidad el nuevo gobierno, en agosto de este año– que, en el caso de España, permite la prolongación del Congreso -así como de los demás poderes del Estado- en el tiempo, derivando sus facultades en la Diputación Permanente en caso de que expire su mandato. Es decir, el partido en el poder, al amparo de dicho estado, puede extender su mandato indefinidamente.

 

En el tercer episodio de la primera temporada de la serie “El Cuento de la Criada”, la protagonista June/Defred afirma que la nueva sociedad autoritaria de Gilead es consecuencia del consentimiento de la población a las medidas que surgieron por su propia seguridad tras atentados terroristas: “Ahora estoy despierta y veo el mundo. Antes estaba dormida. Así es como permitimos que sucediese. Cuando masacraron el Congreso, no despertamos. Cuando culparon a los terroristas y anularon la Constitución, tampoco despertamos. Dijeron que sería temporal. Nada cambia de golpe. Si estuvieras en una bañera que se calienta poco a poco, morirías hervida sin darte cuenta”.

Posteriormente, en el mismo episodio, cuando June y su amiga Moira descubren que les han congelado las cuentas y ya no tienen derecho a acceder a su dinero, June se indigna:

No pueden hacer eso. No pueden.

¿Que no? Llevamos con la Ley Marcial desde lo de Washington –contesta Moira.

Ya, pero eso fue para evitar otro ataque y para capturar a los terroristas –replica June.

Igual nunca hubo terroristas.

 

Esta red de vigilancia y control crece y se reinventa cada día: Canadá está construyendo el llamado Sidewalk Lab en Toronto: un ciudad idílica, sin vehículos propios, con viviendas asequibles, completamente respetuosa con el medio ambiente, para lo que han contratado a los arquitectos que diseñaron el nuevo World Trade Center (tras el atentado del 11S), y totalmente conectada mediante tecnología, para la que cuentan con los mejores expertos de Google.

Aquí podéis ver su política de recopilación de datos personales a través de dicha tecnología.

Sus mensajes son claros: diversidad étnica y tecnología. Lo llaman “El vecindario del futuro”.
En su página web, ellos mismos exponen la intención de “expandirse a otras ciudades por el mundo”.

 

Así pues, ¿son sólo los chinos los que están siendo puntuados y controlados? ¿Cuánto tiempo más seguiremos dormidos?

El Show de Truman

 

PD: Truman es homófono en inglés a True Man, que se puede traducir como “hombre auténtico”, “verdadero ser humano”.

Truman vive vigilado las 24 horas del día, en una vida diseñada por otros, adoctrinado desde su nacimiento, mientras cree tener el control de lo que piensa, decide y hace. Truman es el verdadero ser humano.

 

Xiomara

Tengo miedo de lo políticamente correcto, antes me aburría, ahora me preocupa. Yo no veo razas, veo culturas que no pueden integrarse juntas. Si es difícil que una persona cambie, miles de ellas...

Deja un comentario

Menú de cierre