Introducción

Lo que vais a leer no es una opinión, sino la exposición de hechos históricos relativamente recientes, documentados mediante el uso de fuentes oficiales; fuentes que encontraréis en enlaces adjuntos a palabras claves -resaltadas en rojo. En algunos párrafos no encontraréis enlace a fuente porque ha sido citada anteriormente.

No voy a entrar a debatir si lo que aquí se expone fue correcto o no, si era racista o no, si estás a favor o en contra del aborto, la esterilización o la eutanasia, porque no es la conclusión que busco.

Lo que quiero demostrar es que nuestros gobiernos, la élite, las personas que ejercen influencia (líderes de movimientos como el feminista o el LGTBI), los que promueven campañas por ciertos derechos (aborto, eutanasia) y aquellos que dicen trabajar desinteresadamente por el bien de la humanidad (líderes de ONG y asociaciones sin ánimo de lucro) pueden estar perfectamente entrelazados por una causa mayor -buena o mala- sin que esto suponga ningún tipo de conspiranoia; pues los hechos que expongo demuestran que esto ya ha ocurrido antes.

El movimiento eugenésico fue algo real, y tuvo lugar en países de cinco continentes, en una especie de coalición mundial a manos de izquierda y derecha, de religiosos y ateos, de feministas, de los defensores de los derechos de los negros (el Black Lives Matter de la época), de los que lucharon contra el antisemitismo (los antiislamófobos de ahora), de los que se decían pro-derechos humanos.

Todos ellos esterilizaron, castraron y asesinaron a cientos de miles de personas, convencidos de hacerlo por el bien de la humanidad y la civilización.

Este movimiento se extendió en el tiempo durante seis décadas hasta que, de pronto, en los años 70 cambió de rumbo y “los enemigos” dejaron de ser los que venían siendo para convertirse en uno sólo: la raza blanca.

Os pido por favor que leáis este ensayo hasta el final, a ver si entonces os parece tan inverosímil la idea de que cientos de personas se hayan puesto de acuerdo, durante tanto tiempo, en algo tan horrible como sería la extinción de toda una raza, incluso, la suya.

 

I PARTE

Por recomendación paterna, empecé a ver un vídeo de una conferencia que dio el doctor Máximo Sandín, llamada Darwinismo, ciencia y poder. La base científica de las ideas dominantes.

El Dr. Sandín criticaba la Teoría de la Evolución Darwinista con muchos argumentos de peso, así que comencé a tomar notas, a investigar sobre lo que iba argumentando y, como ya sabéis los que me leéis con regularidad, acabé encontrando mucho más de lo que esperaba a la par que, de pronto, todo lo que está pasando a nuestro alrededor cobró sentido.

 

Comencemos:

En 1859, Charles Darwin publicaba su libro El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, con los fundamentos de la teoría de la biología evolutiva.

Si vamos a la página 37 de la introducción, Darwin nos dice: “Al principio de mis observaciones, me pareció probable que un estudio cuidadoso de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería las mayores probabilidades de resolver este oscuro problema. No he sido defraudado: en éste, y en todos los otros casos dudosos, he hallado invariablemente que nuestro conocimiento, aun imperfecto como es, de la variación en estado doméstico, proporciona la guía mejor y más segura.”

Destaca el Dr. Sandín que Darwin centró sus conclusiones en “animales domésticos” y “plantas cultivadas”; precisamente donde no se aplica una selección natural, pues el propietario de estos ejercerá una influencia en la supervivencia del animal/planta en función de sus intereses. Es decir, si mi vaca naciera coja puedo decidir alimentarla porque aún puede proporcionarme leche y carne; pero ¿qué pasaría con una cebra que nace coja llegado el momento de la migración?

 

De igual forma, Darwin continuó encaminando sus estudios en esa dirección hasta acabar defendiendo que en la naturaleza se aplicaba la doctrina de Malthus a modo de selección natural, como comprobamos en su autobiografía, página 67:

(…) se me ocurrió leer por entretenimiento el ensayo de Malthus sobre la población y, como estaba bien preparado para apreciar la lucha por la existencia, que por doquier se deduce de una observación larga y constante de los hábitos de animales y plantas, descubrí enseguida que bajo estas condiciones las variaciones favorables tenderían a preservarse y las desfavorables a ser destruidas.

O en la página 117 de El Origen de las Especies:
“Todo ser (…) se encuentra, en un periodo de esa vida suya, ante la necesidad de verse destruido; y (…) obedeciendo al principio de progresión geométrica, vería aumentados sus individuos de modo tan rápido e inmoderado, que ningún país sería bastante para mantenerlos. Por esta razón, produciéndose más individuos de los que pueden sobrevivir, ha de ocurrir en cada caso una lucha por la vida (…) Es la doctrina de Malthus, aplicada con energía múltiple a todo el reino animal y a todo el vegetal…”

“No hay excepción a la regla de que todo ser orgánico procrea en proporción tan elevada que, si no se diera la destrucción de sus individuos, el globo terráqueo estaría cubierto por la descendencia de una sola pareja. Hasta el hombre, tan lento en reproducirse, se ha duplicado en veinticinco años y, siguiendo esa proporción, en unos miles de años no habría literalmente sitio en el mundo para su progenie.”

 

La doctrina de Thomas Malthus concluía que, de no intervenir obstáculos represivos (guerras, pestes, etc.), el nacimiento de nuevos seres mantiene la población en el límite permitido por los medios de subsistencia, en el hambre y en la pobreza:

«El hombre, si no puede lograr que los padres o parientes a quienes corresponde lo mantengan, y si la sociedad no quiere su trabajo, no tiene derecho alguno ni a la menor ración de alimentos, no tiene por qué estar donde está, en ese espléndido banquete no le han puesto cubierto. La naturaleza le ordena que se vaya y no tardará en ejecutar su propia orden, si ese hombre no logra compasión de alguno de los invitados, si estos se levantan y le dejan sitio, acudirán enseguida otros intrusos pidiendo el mismo favor y se perturbará así el orden, la armonía de la fiesta y la abundancia que antes reinaba, se convertirá en escasez”.

 

Así mismo, para Malthus la sobrepoblación suponía un atraso y proponía dos métodos para enfrentarlo:

  • Método positivo, la muerte mediante epidemias, hambre y guerra: “En vez de recomendarles limpieza a los pobres, hemos de aconsejarles lo contrario, haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos de provocar la reaparición de alguna epidemia.”
  • Método preventivo, el control de la natalidad: “si no fuera posible que cada pareja casada limitase el número de hijos, habría razón para temer que aumentase muchísimo el nivel poblacional de la raza humana, y ni la extensión de cada país, ni la tierra entera, alcanzaría jamás un desarrollo adecuado.”

 

Veamos otro fragmento de El origen de las especies de Darwin:
“Los salvajes suelen eliminar muy pronto a los individuos débiles (…) haciendo que cuantos le sobrevivan presenten (…) una salud fuerte y vigorosa. A realizar el plan opuesto, e impedir en lo posible la eliminación, se encaminan todos los esfuerzos de las naciones civilizadas; a esto tienden la construcción de asilos para los imbéciles, heridos y enfermos, las leyes sobre la mendicidad, y los desvelos y trabajos que nuestro facultativos afrontan por prolongar la vida de cada uno, hasta en el último momento. Aquí debemos consignar que la vacuna ha debido preservar también a millares de personas que, por su constitución débil, hubieran sucumbido en otro tiempo, víctimas de la viruela.”

“De esta suerte, los miembros débiles de las naciones civilizadas van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida o se las cuida mal; y, a excepción hecha del hombre, ninguno es tan ignorante como para permitir tener crías a sus peores animales”.

 

El darwinismo también defiende la teoría de Herbert Spencer, quien expresó:

“Esta verdad es igualmente aplicable a la especie humana. Las sociedades humanas están en lucha o competencia unas con otras; deben ser consideradas como verdaderas especies o variedades (…) En competencia con los individuos de su propia especie, y en lucha con los de otras especies, el individuo degenera y sucumbe, o prospera y se multiplica, según sus dotes (…) Un régimen contrario, si pudiera mantenerse, sería con el tiempo funesto para la especie. Si los beneficios recibidos por cada individuo fuesen proporcionales a su inferioridad… se favorecería la propagación de los individuos inferiores y se entorpecería la de los mejor dotados: la especie degeneraría progresivamente y bien pronto desaparecería ante las especies que compiten y luchan contra ella.” 

 

Spencer publicó su libro Social Statics, or The Conditions essential to Hapiness specified, and the First of them Developed en 1851. Darwin publicaba El Origen de las Especies en 1859. Destaco esto porque el darwinismo social se empeña en que es Spencer el que se basó en Darwin, a pesar de que es el propio Darwin quien lo desmiente cuando dice:

“He llamado a este principio por el cual se conserva toda variación pequeña, cuando es útil, selección natural, para marcar su relación con la facultad de selección del hombre. Pero la expresión usada a menudo por Mr. Herbert Spencer de que sobreviven los más idóneos es más exacta, y algunas veces igualmente conveniente.”

También se intuye la influencia de Spencer en El Origen de las Especies, capítulo 4:

“No puede nombrarse un país en el cual todos sus habitantes naturales estén ahora tan perfectamente adaptados entre sí, y en las condiciones físicas en que viven, que no pudiesen todavía algunos de ellos estar mejor adaptados o mejorar. Porque, en todos los países, los naturales han sido conquistados hasta tal punto por los que han tomado carta de la naturaleza, que han permitido a los extranjeros tomar firme posesión de la tierra.”

“Llegará un día, por cierto, no muy distante, que de aquí a allá se cuenten por miles los años en que las razas humanas civilizadas habrán exterminado y reemplazado a todas las salvajes por el mundo esparcidas (…) y entonces la laguna será aún más considerable, porque no existirán eslabones intermedios entre la raza humana que prepondera en civilización, a saber: la raza caucásica y una especie de mono inferior, por ejemplo, el papión; en tanto que en la actualidad sólo existe entre el negro y el gorila.”

Lo que sí se le puede atribuir a Spencer es la ayuda para promocionar las teorías darwinistas, sin la que Darwin podría no haberse abierto camino como lo hizo.

 

En resumen, el darwinismo es el Malthusismo, con extractos de las conclusiones de Spencer, aplicado a la naturaleza; y se deduce que Malthus, Spencer y Darwin eran eugenistas en su definición (el término no estaba acuñado aún), siendo defensores de que una especie se perfecciona eliminando a los más débiles y desfavorecidos.

Hay que añadir que, en estos años, países como Estados Unidos estaban sufriendo un salvaje influjo migratorio que, sumado a la elevada natalidad de determinadas razas inmigrantes, generó miedo y rechazo en la población dominante (caucásica) que se veía reduciendo en número peligrosamente. En 1891, el distinguido sociólogo estadounidense Edward A. Ross, acuñaba el término suicidio racial” para definir lo que estaba ocurriendo.

El miedo al suicidio racial se extendió por los demás continentes.

 

Así, Francis Galton, primo de Darwin, gestaba el término “eugenesia” -del griego ευγενες, buen origen/nacido bien-, basándose en los principios de su primo combinados con las demás teorías y conceptos que hemos expuesto; fundando en 1907 la Sociedad Eugenésica Británica, hoy Instituto Galton. Ambos primos estaban tan convencidos de que la mezcla de razas empeoraba la “pureza de la raza superior”, que se casaron con sus propias primas.

Y, si la teoría de Darwin se convirtió en la base oficial para explicar la evolución, fue por el apoyo de Thomas Henry Huxley, quien junto con George Busk, Edward Frankland, Thomas Archer Hirst, Joseph Dalton Hooker, John Lubbock, Herbert Spencer, William Spottiswoode y John Tyndall, conformaron el X Club, ejerciendo una gran influencia en el mundo científico de la época, abriendo paso al MOVIMIENTO EUGENÉSICO.

Así, muchas teorías científicas fueron empleadas para justificar la necesidad de frenar -como fuera- la reproducción de los que llamarían débiles mentales (feebleminded), como pasó con la teoría de los guisantes de Mendel…

Aplicando la Ley de Mendel, los eugenistas concluyeron que si “p” es un defecto, siempre estará vigente en las mezclas genéticas.

 

…o con la rama de la biología evolutiva llamada Genética de Poblaciones o Genética Poblacional, que explica los fenómenos evolutivos basándose en la variación y distribución de la frecuencia alélica, y surge de la mano de Reginald Crundall Punnett, quien, al no entender por qué un alelo dominante no hace desaparecer a uno recesivo, le expuso su problema al matemático Godfrey Harold Hardy. Éste le elaboró una solución matemática elemental (p2 + 2pq + q2) = 1, donde p representa el alelo dominante, q el recesivo y (p + q = 1).

 

En palabras del eugenista Ernst Mayr, conocido como el Darwin del siglo XX, los matemáticos demostraron convincentemente que incluso mutaciones con ventajas relativamente pequeñas eran favorecidas por la selección, y sus hallazgos ayudaron a superar varias objeciones a la selección natural”.

Al final, Reginald C. Punnett, el matemático Ronald Fisher, Sewall Wright, John Burdon Sanderson Haldane, el economista John Maynard Keynes y Theodosius Dobzhansky fueron considerados los padres de la Genética de Poblaciones, orientando sus estudios hacia la causa eugenésica, siendo Punnett, Fisher y Maynard miembros fundadores de la Sociedad Eugenésica de la Universidad de Cambridge, junto con otros hijos de Charles Darwin, Horace y Francis.

Por su parte, Dobzhansky publicaba el libro La Herencia y la Naturaleza de Hombre: La selección natural ha de ser sustituida por la selección eugenésica artificial. Esta idea constituye el corazón sano de la eugenesia, la ciencia aplicada de la mejora humana.”

 

Al principio, las ideas de Galton apuntaban a lo que llamamos eugenesia positiva, es decir, propiciar matrimonios entre gente de buena genética -incluso obligándolos por ley- para que continuaran naciendo humanos aptos. Pero, poco a poco fue cambiando su visión: «Por supuesto, no me propongo descuidar a los enfermos, los débiles o los desafortunados. Haría todo (…) por su comodidad y felicidad, pero exigiría algo proporcionado a la asistencia caritativa que reciben, es decir, que, por medio del aislamiento, o de alguna otra medida drástica pero adecuada, se debería poner fin a la reproducción de familias de niños que probablemente incluyan defectuosos”.

Finalmente, Galton reconocería en sus memorias el principal problema en el apoyo popular: la eugenesia sólo podría triunfar en una sociedad si era “uno de sus principios religiosos”. Los principios eugenésicos debían aplicarse como una doctrina de fe, por la cual la gente debía creer en ellos aun sin entenderlos, para así aceptar medidas -como los matrimonios forzosos- por la mejora de la raza, al igual que ocurría en todas las grandes religiones (judíos, cristianos, islamistas): «Es fácil dejar volar la imaginación con la suposición de una aceptación sincera de la eugenesia como religión nacional». Galton falleció sin poder imaginar cuan lejos llegaría su creación.

Tan sólo unos años después de su muerte, el famoso escritor socialista irlandés Bernard Shaw afirmaba: ahora ya no hay ninguna excusa sensata para negarse a hacer frente al hecho de que nada, salvo una religión eugenésica, pude salvar a nuestra civilización del destino que ha vencido a todas las civilizaciones anteriores (referencia a la degeneración racial como la culpable)”.

 

Sería el octavo hijo de Charles Darwin, Leonard, quien desarrollaría el concepto de eugenesia negativa: la prohibición de reproducirse a los considerados inferiores (esterilización forzosa); término que acabó ampliándose hasta abarcar el aborto, la eutanasia y el infanticidio.

Así, en 1912, nace en Londres, el Comité Internacional de Eugenesia (negativa), con Leonard como presidente, al que acudieron 400 representantes de Bélgica, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Japón, España, Noruega y Estados Unidos. Acudía incluso Winston Churchill, quien, en representación del rey de Inglaterra, ocupó el puesto de vicepresidente del comité. Por su parte, los estadounidenses asistieron por invitación oficial y directa del Secretario de Estado estadounidense Knox, quien previamente había trabajado para el señor Andrew Carnegie -del Instituto Carnegie-, siendo “el mejor abogado que jamás he tenido”.

Un año después, en París, la organización fue renombrada Comité Internacional de Eugenesia Permanente.

El segundo congreso tendría que esperar hasta después de la Primera Guerra Mundial, celebrándose en 1921, en el Museo de Historia Natural de Nueva York, con el director del museo, Henry Fairfield Osborn, como presidente, y Alexander Graham Bell (al que se le atribuye la invención del teléfono) como presidente honorífico; asistiendo el Secretario de Comercio y el futuro presidente de EE. UU., Herbert Hoover.

 Plano de la exhibición del Congreso.

 

Acudieron representantes de Bélgica, Checoslovaquia, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Italia, Países Bajos, Noruega, Suecia, Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Cuba, México, Venezuela, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Alemania se negó a asistir por sus conflictos internacionales -sobre todo con Francia-, pero su relación con los eugenistas estadounidenses no cesó.

La financiación para este evento llegó de la mano de la Sociedad Eugenésica Británica -creada por Galton-, el Instituto Carnegie, la Sra. Harriman (viuda del magnate de los ferrocarriles), la Fundación para la Mejora de la Raza del Dr. John Kellogg (hermano de Kellogg, el de los cereales), y Cleveland H. Dodge (asesor del presidente estadounidense Woodrow Wilson).

Bustos de Charles Darwin y Francis Galton, colocados en la exhibición.

 

Debido al éxito, en 1925 el Comité se convierte en la Federación Internacional de Organizaciones Eugénicas (IFEO), anexionándose la Sociedad Eugenésica Británica creada por Galton, y tomando el relevo de la presidencia el norteamericano Charles Davenport.

Ahora colaboraban activamente países de todos los continentes a excepción de los más católicos (América del Sur y Central, Portugal, Francia e Italia) que se opusieron a la eugenesia negativa y que, a pesar de los intentos de la Federación por atraerles llegando a organizar una reunión en la Italia de Mussolini, en 1929, a la que acudieron representantes suecos, noruegos, holandeses, ingleses, alemanes y estadounidenses, no cedieron, llegando a formar su propia Federación Internacional de Eugenesia Latina, basada en la eugenesia positiva (incitar/favorecer matrimonios y nacimientos de las razas deseadas); celebrando su primer encuentro en 1935, con la asistencia de representantes de Argentina, Brasil, Francia, México, Portugal, Rumania y Suiza (parte francesa e italiana).

España se sumaría a este movimiento con la llegada de Franco, pues la Segunda República había defendido y aplicado medidas de la eugenesia negativa.

 

En 1932, la IFEO celebra nuevamente en el Museo de Historia Natural su tercer encuentro, con Leonard Darwin como presidente honorífico.

Francis Galton, como fundador de la ciencia eugenista, y los tres primeros presidentes de la IFEO: Leonard Darwin, Henry Fairfield Osborn y Charles Davenport.

El New York Times se hace eco del congreso.

 

Allí acontecerían muchos otros mítines relacionados con la eugenesia, dado que la dirección del Museo estaba íntimamente relacionada con el movimiento. Así su tesorero Madison Grant publicaba el libro La Desaparición de la Gran Raza, defendiendo que los nórdicos “eran los hombres blancos por excelencia”, y la aplicación de la eugenesia en todas sus opciones, puesla equivocada consideración de lo que se cree que son leyes divinas, y una creencia sentimental en la santidad de la vida humana, tienden a prevenir tanto la eliminación de bebés defectuosos como la esterilización de adultos que no tienen ningún valor para la comunidad. Las leyes de la naturaleza requieren la eliminación de lo inadecuado, y la vida humana es valiosa solo cuando es útil para la comunidad o raza”.

Anuncio de distintos mítines eugenistas en el museo.

 

La Desaparición de la Gran Raza, de Grant, hacía referencia a la raza nórdica, recogiendo los orígenes arios de la misma: En 1924, Davenport, Grant y, el secretario ejecutivo de la Sociedad Eugenésica Americana, Leon Whitney, se congratulaban por las cartas llegadas de Alemania de un activista que acababa de cumplir condena acusado de disturbios públicos por protestas a favor de la eugenesia; en ellas les mostraba su admiración por su trabajo. Concretamente agradecía a Grant su libro, describiéndolo como “su biblia”. Su nombre era Adolf Hitler.

Carta de Davenport a Whitney, escrita en papel del Instituto Carnegie. 

 

Posteriores congresos albergarían asistentes de Japón, Austria, Hungría, Estonia, Sudáfrica (apartheid), Suiza, Rumania, Finlandia, Letonia, Eslovenia, Grecia, República Checa, Chipre, Filipinas, Bolivia, Chile, Guatemala, Haití, Uruguay, Indonesia, China, India, Egipto, Irán, Malasia, Singapur, Uzbekistán, Corea, Ruanda, Namibia, Kenia, Tanzania, Burundi, Islandia, etc.

 

REINO UNIDO

Como hemos dicho, la primera sociedad eugenista nace en Reino Unido en 1907, de la mano de Francis Galton (primo de Darwin), con un deseo eugenésico positivo.  Su meta era sencilla: “promover la enseñanza y comprensión de la eugenesia en el hogar, la escuela y otros sitios”.

El señor Galton presidió la Sociedad Eugenésica Británica (SEB) hasta su muerte, en 1911, sucediéndole su sobrino Leonard Darwin, cambiando las ideas de la sociedad en dirección a la eugenesia negativa. Posteriormente, la presidiría Julian Sorell Huxley, nieto del miembro del X Club que patrocinó la teoría darwinista Thomas Henry Huxley.

Julian Huxley es un personaje ciertamente curioso. Si analizamos sus pasos cronológicamente fue vicepresidente de la SEB (1937-1944), Primer Director General de la UNESCO -Organización de las NACIONES UNIDAS para la educación, la ciencia y la cultura- (1946-1947), y presidente de la SEB (1959-1962). Dirigió la Asociación por la Reforma de la Ley del Aborto, lideró la Asociación Nacional Británica de la Salud Mental, y fue miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Eutanásica.

Pero, mientras apoyaba la esterilización, el aborto y la eutanasia forzosa en seres humanos, era secretario de la Sociedad Zoológica de Londres y fundó el Fondo Mundial para la Naturaleza, más conocido por sus siglas en inglés, WWF.

Huxley inventó la palabra transhumanismo: creía en la mejora del ser humano a base de añadidos tecnológicos, superando así las limitaciones biológicas para volverse más que humanos.

 

Otros miembros destacados de la SEB fueron Winston Churchill, el escritor H. G. Wells (La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible…) o la feminista Marie Stopes, famosa por su lucha en pro del control de la natalidad a la par que era totalmente contraria al aborto, argumentando que lo que se había de procurar era prevenir el embarazo.

Stopes abrió la primera clínica de control de la natalidad británica tras haber fundado la Sociedad para un Útil Control de la Natalidad y del Progreso Racial, “para contrarrestar el constante mal, que durante tantos años ha estado creciendo, de la reducción de la tasa de natalidad de los miembros ahorradores, sabios, satisfechos y sanos de nuestra comunidad, y la crianza imprudente de los (…) débiles mentales, que están aumentando proporcionalmente en nuestra comunidad (…) Las estadísticas muestran que cada año la tasa de natalidad del peor extremo de nuestra sociedad aumenta en relación a la tasa de natalidad del mejor extremo. Fue para tratar de corregir este peligro social tan grave que me embarqué en este trabajo”.

Hoy su clínica se ha convertido en una ONG internacional que, en su nombre, práctica abortos en distintos países del mundo. Lo único que no ha cambiado es el sector de la sociedad a quien atienden: los pobres.

 

Más allá de las luchas y méritos individuales de los miembros de la sociedad, la SEB participó activamente en las leyes relativas a la causa que se fueron instaurando en el país, como el Acta de Deficiencia Mental de 1913, que permitía la segregación de aquellos clasificados como débiles mentales.

Hay que decir que este acta sólo era una mejora del que ya existía, el Acta de Idiotas de 1886. Básicamente el acta del 86 contemplaba idiotas e imbéciles, y el de 1913 añadía débiles y defectuosos mentales y moralmente imbéciles.

En 1929, el gobierno publicaba el Informe Wood describiendo a lo que los eugenistas llamaban “el grupo social problemático” como dementes, añadiendo a la lista a “epilépticos, mendigos, delincuentes (especialmente los reincidentes), desempleados, los típicos habitantes de barrios bajos, prostitutas, alcohólicos y otros sin habilidades sociales”; calculando que representaban al 10% de la población (unos 4 millones de personas).

El informe daba la razón a los eugenistas sobre el declive de la sociedad al afirmar que la deficiencia mental estaba aumentando, habiéndose duplicado desde 1908. En 1932, el Ministerio de Salud creaba el Comité Brock para que estudiara estas conclusiones, concluyendo la certificación de las mismas y dando su aprobación para aplicar la esterilización. Ciegos y sordos fueron incluidos en estos grupos.

La eugenesia se extendió por todas las grandes mentes del siglo pasado, encontrando partidarios tan destacados como Sir Francis Crick, uno de los descubridores de la estructura molecular del ADN, quien si bien no formó parte de ninguna sociedad, escribió múltiples cartas en las que dejó constancia de su opinión. Por ejemplo, al eugenista americano Bernard D. Davis, a quien escribió felicitándole por su artículo Amenaza y promesa de la ingeniería genética, expresándose así:

“En primer lugar, creo que las personas que tienen gemelos, en especial gemelos idénticos, deben ser fuertemente alentados, tal vez con un incentivo financiero, para que dé uno de ellos en adopción (…) por el bien de la sociedad (…) Mi otra sugerencia es un intento de resolver el problema de las personas irresponsables y especialmente aquellas que están escasamente dotadas geneticamente y tienen un gran número de niños innecesarios. Debido a su irresponsabilidad, me parece que para ellos la esterilización es la única respuesta y lo haría mediante sobornos (…) los sobornos en la India son el pan nuestro de cada día, y parece que los acepta mucha gente”.

 

Entre 1930 y 1936, la campaña por la eugenesia creció tanto que parecía que de un momento a otro se haría ley todo lo que implicaba, llegando a someterse a votación por el partido laboralista (aunque con oposición dentro del mismo partido). Al 100%, sólo se les oponía la Iglesia Católica. Pero, en el último momento perdieron la votación pues tanto el partido laboralista como el conservador temían las próximas elecciones. Y, finalmente, el partido socialista también se retractó en su apoyo preocupado por la importancia que le daban los nazis.

A pesar de esta derrota, el movimiento no cesó. En 1937, el padre de la economía progresista John Maynard Keynes (Keynesianismo), se convertía en director de la SEB, dando la conferencia Algunas Consecuencias de una Población en Declive. Previamente, había sido el administrador de la Sociedad Eugenésica de la Universidad de Cambridge desde su creación.

Keynes definía la eugenesia como “la rama más importante y significante de la sociología”.

Así, medidas como la esterilización continuaron practicándose discretamente al menos hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, estando el Acta de Deficiencia Mental vigente hasta 1959, llegando a costar el aislamiento a 65.000 personas a la vez -que no en total- en su momento de máximo apogeo.

De igual forma, la Sociedad Eugenésica Británica no cambió su nombre hasta 1989, cuando pasó a llamarse Instituto Galton.

El historiador John Welshman, en su libro Underclass: a history of the excluded, 1800-2000, realizó un estudio exhaustivo de los actos llevados a cabo por Sanidad en Leicester, demostrando que la jerarquía de la salud estaba basada en las consideraciones de los eugenistas, recogiendo testimonios como el del cirujano Charles John Bond, quien, en una conferencia del Comité para la Legalización de la Esterilización Eugenésica, en 1932, describió “casos ilustrativos… en el que personas ciegas e individuos que sufrían otros defectos hereditarios, habían sido sometidos a esterilización voluntaria, con resultados satisfactorios”. Allí mismo, un representante del Hospital Mental de Leicester y del Comité de Sanidad, alabó el coraje y la determinación del doctor Bond con respecto a su “trabajo pionero”.

Años después, sería el prestigioso psiquiatra, Carlos Paton Blacker quien escribiría: “la esterilización, con motivos eugenésicos, se ha realizado en este país ocasionalmente, sin ningún contratiempo”.

 

Hemos hablado del aborto y la esterilización, pero la eugenesia también se apoyaba en la idea de la eutanasia aplicada:

Todos hemos oído hablar de los nazis y las llamadas “habitaciones de la muerte” o “cámaras letales”.

El término nace en Inglaterra -lethal chamber- en 1880, patentado por el Dr. Benjamin Ward Richardson, como forma “indolora de acabar con la vida de los animales inferiores”, es decir, perros y gatos callejeros. Y así fue como, en 1884, comenzó a aplicarse: sobre animales. La idea se extendió rápidamente por toda Europa y América.

Poco a poco, algunos eugenistas comenzaron a hacerse eco del concepto; así el escritor socialista británico Eden Paul declaraba, en 1905, que la sociedad debía protegerse de “engendradores de acciones antisociales que dañarían a las generaciones venideras. Si [la sociedad] rechaza la cámara letal, ¿qué otra alternativa puede idear el estado socialista?»

En 1906, el debate sobre la ética de la eutanasia estaba servido en Inglaterra, y, para 1910, ya se hablaba de ellos en conferencias: “Una parte de la política eugenésica nos llevaría finalmente a un uso extensivo de la cámara letal. Una gran cantidad de personas tendrían que dejar de existir simplemente porque malgastan el tiempo de otras personas en cuidarlas”, George Bernard Shaw.

En la edición de 1947 de Libro de Texto sobre la Deficiencia Mental, con la Segunda Guerra Mundial acabada, su autor Arthur F. Tredgold, miembro de la Sociedad de Educación Eugenésica británica, así como de la Comisión Brock para la Deficiencia Mental, corregía uno de sus párrafos concluyendo que para los alrededor de 80.000 imbéciles e idiotas de Inglaterra “sería un procedimiento económico y humano si su existencia terminara sin dolor (…) Ha llegado el momento en que debería permitirse la eutanasia…”.

No he podido confirmar si llegó a aplicarse la eutanasia en Reino Unido… claro que muchos informes de centros para débiles mentales “desaparecieron” tras la IIGM.

 

Debo explicar el porqué de la relación entre el feminismo y la eugenesia, pues fue común en todos los países.

Si bien en el pensamiento de Darwin y de su primo Galton el papel de las mujeres era el de meras “amamantadoras”, con el tiempo los científicos fueron dándoles un mayor rol a la hora de transferir “el ingenio” del padre al hijo, evolucionando hasta convertirse en seres vitales como “madres de la raza”, llegando a ser consideradas, en boca del eugenista británico Caleb Saleeby, “el órgano de la naturaleza supremo para el futuro”, estableciendo la base de lo que el mismo Saleeby llamó “eugenesia feminista”.

Todo esto posicionó a la mayoría de feministas en favor del movimiento eugenista, con excepción evidente de las feministas católicas que se mantuvieron en contra. Así, los derechos de la mujer se consiguieron por sus vínculos con el movimiento eugenésico, dado que comenzó a asumirse que no era posible una mejora racial sin la elevación de la mujer.

Esto nos lleva al sufragio femenino: Las mujeres necesitaban actuar como ciudadanas de pleno derecho con acceso a cualquier posición (laboral y política) que garantizase la lucha por las mejoras dirigidas hacia esa gran raza que iban a gestar, pues los eugenistas -hombres o mujeres- coincidían en que la “madre” es la que sabe lo que es mejor para un hijo; y estas madres sabían que las civilizaciones viciadas y corruptas han de ser limpiadas mental, moral, social y “racialmente”.

Así pues, ya iréis viendo que no tiene nada de novedoso que el feminismo abogue por abortar a los bebés con síndrome de down, autismo, malformaciones, etc.

 

Fin de la primera parte.

Xiomara

Tengo miedo de lo políticamente correcto, antes me aburría, ahora me preocupa. Yo no veo razas, veo culturas que no pueden integrarse juntas. Si es difícil que una persona cambie, miles de ellas...

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