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CANADÁ.

En 1876, se establece la ley federal para regular todo lo concerniente a los nativos canadienses, conocida como el Acta de los Indios, resultando en una forma legal de aplicar principios eugenésicos a los mismos, como se aprecia en el párrafo 12(1)(b), que estipula que a las mujeres aborígenes que se casasen con hombres no-aborígenes (y cualquier hijo que tuvieran) se les negaría el estatus legal de nativa, es decir, perdería la identidad que le correspondería por derecho de nacimiento. Por el contrario, si un hombre aborigen se casara con una mujer no-aborigen conservaría su identidad legal de nativo, siendo extensible a su esposa e hijos.

Esto generaba que las mujeres aborígenes rechazaran unirse a hombres de otras razas, pues no querían renunciar a su identidad. Y de hacerlo, garantizaba que los hijos serían educados en la cultura canadiense y no en la nativa. Lo mismo ocurría al contrario, una mujer canadiense no quería renunciar a su cultura e identidad para verse forzada a integrarse en la nativa. De esta forma, se potenciaba el ya existente rechazo a mezclarse con otras razas

Esta ley no sería abolida hasta 1985, con la enmienda Bill C-31.

 

No fue la única forma en la que Canadá intentó socavar la cultura nativa: también crearon un sistema educativo que exigía que los hijos de los indios vivieran en residencias escolares mientras durase su educación -años-, siendo castigados brutalmente si hacían referencias a sus tradiciones, lenguas nativas, cultura… los abusos fueron tales que hubo niños que se suicidaron o fueron asesinados de una paliza.

En 2008, el primer ministro canadiense, Stephen Harper, se disculpaba con los aborígenes admitiendo lo horrible del sistema de las residencias escolares, calificadas hoy de genocidio cultural:

 “Los dos objetivos principales del sistema escolar residencial eran eliminar y aislar a los niños de la influencia de sus hogares, familias, tradiciones y culturas, y hacerlos asimilar la cultura dominante. Estos objetivos se basaban en la suposición de que las culturas aborígenes y sus creencias espirituales eran inferiores y desiguales. De hecho, algunos buscaban, como se dijo infamemente, «matar al indio en el niño». Hoy reconocemos que esta política de asimilación fue errónea, causó un gran daño y no tiene cabida en nuestro país.”

 

Otros ejemplos de ideas eugenistas aplicadas los encontramos en el Consejo para Refugiados que, desde 1855 hasta 1960, concedió asilo o permiso en función de la raza o etnia en lugar de los méritos o necesidades del solicitante, habiendo una clara preferencia por europeos del norte y británicos frente a los “negros o razas asiáticas”, o frente a europeos del centro o del sur. En el Decreto Ley de 1911 encontramos especificaciones del tipo: “cualquier inmigrante perteneciente a la raza negra, que se considera inadecuado para el clima y los requisitos de Canadá».

Así mismo, Actas como la de 1906, prohibían la entrada “a epilépticos, locos, individuos con problemas de visión, habla y oído, aquellos con enfermedades contagiosas, y también a los indigentes, pobres y cualquiera que pudiera convertirse en una carga pública… los culpables de crímenes depravados, prostitutas y cualquiera relacionado con el negocio de la prostitución.”

 

Un año antes, el psiquiatra y director médico del Comité Nacional Canadiense para la Salud Mental, Charles Kirk Clarke, expresaba su preocupación ante la clase política acerca de la cantidad de “enfermos mentales” que llegaban entre los inmigrantes, teniendo la sensación de que Europa se estaba “purgando” mandando ese tipo de personas a Canadá. Llegó a escribir una novela en la que vinculaba la relación entre la inmigración y las enfermedades hereditarias: Los amables idiotas.

Sus estudios dieron lugar al Acta de Inmigración de 1919, que ampliaba la lista de “indeseables” añadiendo a los analfabetos, los individuos con «inferioridad psicopática crónica», las personas con alcoholismo crónico, los que padecían tuberculosis, y cualquier persona con certificación de tara mental o física.

 

Llegaron a incluirse enmiendas por las que se podía descartar a inmigrantes por considerárseles incompatibles con las «condiciones climáticas, industriales, sociales y educativas, laborales u otras condiciones o requisitos de Canadá«, debido a sus «costumbres, hábitos, modos de vida y métodos peculiares de poseer propiedades, y debido a su probable incapacidad para integrarse fácilmente». Esta revisión se usó para evitar que Dujobories, Menonitas y Huteritas (pueblos cristianos europeos muy tradicionales y pacíficos – parecidos a los Amish) se instalaran en Canadá.

Hubo otras grandes figuras que abogaron por la eugenesia sin restricciones, como James Shaver Woodsworth, precursor y líder de la Cooperativa de la Federación de la Commonwealth, movimiento socialista demócrata que posteriormente se convertiría en el Nuevo Partido Demócrata. En 1909, publicaba Extraños a nuestras puertas clasificando las razas por su capacidad de integración, con un prólogo que dice así: “este pequeño libro es un intento de presentar la abigarrada multitud de inmigrantes a nuestro pueblo canadiense, y mostrar a nuestros jóvenes algunos de los problemas de la población con los que deberemos lidiar en un futuro muy cercano».

 

Pero sería una feminista, la doctora Helen MacMurphy, la que en 1906 se convertiría en la Inspectora de los Débiles Mentales, además de presidenta del Departamento Federal de Salud Infantil. De su mano, el Consejo Nacional de Mujeres avaló la esterilización como una forma de evitar que las madres llenaran las cunas con bebés degenerados”.

En sus ideales eugenésicos feministas pensaba que “estas mujeres de mente débil son sexualmente anormales, víctimas de la sexualidad masculina, cuyos hijos ilegítimos a su vez victimizan a la sociedad con su composición genética inferior”, y advirtió sobre “las nefastas consecuencias de permitir que continúe la alarmante tasa elevada de reproducción entre este grupo degenerado”; por ello muchas madres solteras fueron puestas bajo su cuidado, quitándoles a sus hijos.

MacMurphy fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico, ocupando un puesto entre las 10 mujeres facultativas más influyentes de occidente, a la par que se la consideraba la más prominente promotora de la eugenesia en Canadá. La Enciclopedia Canadiense dice sobre ella: “hizo más que ninguna otra persona por seducir a los canadienses sobre la necesidad de la eugenesia”.

 

Junto a Charles Kirk Clarke, fundó el Comité Nacional Canadiense para la Salud Mental, que ya hemos visto que fue el responsable del Acta de Inmigración de 1919, desde donde se abocaba por la implantación de medidas eugenésicas, redactando un conjunto de 16 panfletos –The Blue Books– orientados en esa dirección.

En 2012, en Ottawa, ceremonia mediante, se presentaba una placa conmemorativa en honor de MacMurphy, destacándola como una persona de interés histórico nacional.

 

Aunque no sería la primera feminista eugenista en Canadá… ni la última: Nellie L. McClung, quien ayudó a conseguir el voto para la mujer primero en Manitoba y después el federal, recogió en su libro “Tiempos como estos” sus discursos y charlas, destacando el manifiesto para el sufragio femenino y el feminismo basado en los principios eugenistas.

McClung, junto con Emily Murphy (primera magistrada mujer), Irene Parlby (Presidenta de Agricultoras Unidas), Henrietta Muir Edwards (presidenta del Consejo Nacional de Mujeres) y Louise McKinney (primera mujer en jurar su cargo ante la Asamblea Legislativa), eran conocidas como Las Cinco Famosas. Y las cinco eran feministas eugenistas.

 

Juntas promovieron el Acta de Esterilización Sexual de Alberta (1928). Con motivo de esta ley se creó la llamada Junta Eugenésica, que actuó desde 1929 hasta 1972, siendo sus miembros los encargados de autorizar la esterilización de individuos, aprobando 4.739 casos de los que 2.834 personas resultaron esterilizadas, la mayoría socialmente vulnerables (mujeres, niños, parados, gente del ámbito rural, solteros, personas en centros estatales, cristianos ortodoxos y católicos, ucranianos, nativos, etc.), con edades comprendidas entre los 20 y los 24 años.

Los 4 miembros que compusieron dicha junta, los doctores E. Pope, E.G. Mason y John M. MacEachran, y la señorita Jean H. Field, continuaron presionando para aumentar el número de esterilizaciones hasta que, en 1942, se aplicó una enmienda a dicha ley añadiendo la neurosífilis, la epilepsia, el Huntington y el Alzheimer a la lista de enfermedades cuyos pacientes podían ser sometidos a esterilización.

Estas esterilizaciones eran llevadas a cabo mediante vasectomías, ligaduras de trompas, orquidectomías (quitar los testículos), ovariotomías (quitar los ovarios) o histerectomías (quitar el útero). Entre otras, era un requisito obligatorio para salir de un centro psiquiátrico. Hay que señalar que hubo falsos diagnósticos de enfermedades mentales para poder usarlos como excusa para esterilizar a “gente no deseada”; sobre todo contra los nativos.

 

En 1995, Leilani Marie Scorah denunció al gobierno de Alberta por haberla esterilizado: Siendo niña, fue víctima de abusos hasta que su madre se deshizo de ella internándola en la Escuela Provincial de Entrenamiento para Defectuosos Mentales. Allí la admitieron sin hacerle ninguna prueba para ver si de verdad tenía algún problema mental; eso sí, previa autorización materna para esterilizarla. Más adelante, las pruebas demostraron que era completamente normal, pero ya la habían esterilizado durante una apendectomía. La jueza condenó al gobierno a indemnizar a Scorah con 1 millón de dólares.

A raíz de su caso, la provincia de Alberta enfrentó cientos de demandas similares, por lo que el gobierno presentó un proyecto de ley para imponer un tope de 150.000 dólares en indemnizaciones, haciendo que todo el país saliera a las calles a protestar, consiguiendo que el proyecto se retirase. Este hecho fue calificado por The Edmonton Journal como “una lección de 24 horas sobre los derechos humanos básicos”.

Sería en 1972 cuando el Partido Conservador, liderado por Peter Lougheed, disolvería la Junta Eugenésica y revocaría la ley.

 

Otras feministas que apoyaron y lucharon por la eugenesia fueron la doctora Emily Stowe, fundadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Dominantes Emancipadas (DWEA, 1889), quien junto con su colega, la doctora Amelia Yeomans, eran defensoras de una inmigración estricta y políticas eugenistas”. Carrie Derick, primera mujer profesora en una universidad canadiense, fundadora del departamento de genética de la Universidad McGill, y presidenta de la Asociación de Sufragio de Montreal decía: “abogar por la segregación y esterilización de los débiles, junto con las políticas restrictivas de inmigración, son las únicas garantías de pureza racial”.  Helen Gregory MacGill, una de las primeras mujeres magistradas de Canadá, fue abogada defensora de la “sanidad mental”, el movimiento eugenésico para la erradicación de aquellos con características disgénicas.

 

Se estima que 30.000 personas fueron esterilizadas contra su voluntad solamente entre Alberta y la Columbia Británica. Esta última aprobó su propia ley eugenésica en 1933, pero es imposible saber cuántas esterilizaciones se realizaron porque los registros se han perdido o han sido destruidos.

Todo esto cambió en 1971, con la llegada de la Política Canadiense de Multiculturalismo de la mano del Primer Ministro PIERRE TRUDEAU -el padre del actual Primer Ministro canadiense Justin Trudeau-, dejando claro en su discurso en la Cámara de los Comunes Canadiense que una sola cultura no definía Canadá y que el gobierno defendería “la aceptación de otras comunidades culturales, que también eran elementos esenciales de Canadá”, implementando un política de multiculturalidad, promoviendo el respeto por la diversidad cultural, y garantizando a los grupos étnicos el derecho a preservar y desarrollar sus propias culturas en la sociedad canadiense.

Estas ideas vinieron inspiradas por la Comisión Real para el Bilingüismo y el Biculturalismo (Comisión Bi y Bi), creada en 1963 por el -también socialista- Primer Ministro Lester B. Pearson. La propia Enciclopedia Canadiense la describe como una de las comisiones más influyentes en la historia del país, aunque sólo existió entre el 63 y el 69, y su labor debía ser simplemente potenciar y facilitar la convivencia entre el francés y el inglés.

Pierre Trudeau

También bajo el mandato de Trudeau llegaba el Acta de Inmigración de 1976, incluyendo la reunificación familiar y la no-discriminación; y definiendo el concepto refugiado como algo distinto al inmigrante de acuerdo con la definición de las Naciones Unidas, comprometiendo a Canadá en sus obligaciones legales para con la organización.

Y, en 1988 llegaba el Acta Canadiense de Multiculturalismo, esta vez de la mano del conservador Brian Mulroney (el mismo que también firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte -que incluye a Canadá, México y EE.UU.).

Con este Acta, Mulroney ampliaba el marco de la Política Canadiense de Multiculturalismo incluyendo a la inmigración creciente proveniente de Asia, África y Oriente Medio. Aquí comenzaba la lucha contra la discriminación y las campañas para animar a la población a la diversidad.

Este Acta convirtió a Canadá en el primer país del mundo en aprobar una ley nacional sobre el multiculturalismo, pero como bien sabemos, no sería el último…

 

SUECIA

El primer instituto de estudios eugenésicos gubernamental del mundo fue el Statens Institut för Rasbiologi (SIFR – Instituto Estatal para la Biología Racial), fundado por el parlamento sueco, en 1921, para el estudio de la eugenesia y la genética humana, contando con el apoyo público del rey Gustavo V -apoyo que se consolidó cuando el ex Primer Ministro Hjalmar Hammarskjöld ocupó uno de los puestos de la directiva del centro- así como el apoyo de la Fundación Nobel.

De hecho, uno de los miembros del Comité de Nobeles de Medicina, Frithiof Lennmalm, propuso que dicha Fundación financiara la creación del centro en 1918, pero el Instituto de Medicina Karolinska, del que Lennmalm era director, votó en contra -por un solo voto- proponiendo que fuera el Estado el que lo financiara, que fue lo que finalmente ocurrió.

 

Lennmalm había sido miembro de la precursora del SIFR, la Svenska Sällskapet för Rashygien (Sociedad Sueca de Salud Racial), establecida en 1909, siendo la tercera sociedad de este estilo en el mundo, ganando fuerza al término de la Primera Guerra Mundial debido a varios factores: la cantidad de europeos muertos, la cantidad de refugiados desplazados hacia Suecia (con el costo que generaban), y el logro conseguido por los eugenistas al aumentar la producción de alimento (grano) aplicando sus teorías a los cultivos.

El SIFR fue dirigido por un ex alumno de Lennmalm, el doctor Herman Bernhard Lundborg, quien era firme defensor de la eugenesia al igual que su mentor, y estaba convencido de que las familias estaban degenerando biológicamente debido a “mezclas imprudentes” entre las razas, estando los judíos en su lista de razas a desechar: «Un material nacional de buena calidad racial es el mejor tesoro de la nación«.

El doctor se inspiró en la teoría darwinista, así como en prominentes eugenistas suecos, alemanes y estadounidenses para distinguir entre la raza de valor (escandinava) y las menos cualificadas (gitanos, gallegos, eslavos, judíos…), mostrando públicamente su aprobación a la ley alemana de 1933 Reichserbhofsgesetz, destinada a establecer una clase agraria “racialmente pura”. Lundborg defendía que “si un campesino se casa con una judía o una mujer de color, ninguno de los hijos de esa unión podrá heredar la granja”.

Estudios de razas en el SIFR

 

Múltiples figuras de la élite y sociedad sueca de la época también mostraron su apoyo a la eugenesia, como la premio Nobel en literatura Selma Lagerlöf, el pintor Anders Zorn, el poeta Verner von Heidenstam y la pionera del feminismo Ellen Key, quien en 1920 describía la biología racial como “la vanguardia de la ciencia del mañana”; o la también feminista ganadora de un Nobel de la Paz Alva Myrdal, firme defensora de esterilizar a aquellos con problemas físicos o mentales a fin de ahorrar dinero al país, publicando -junto con su marido, Gunnar- dos libros sobre la necesidad de la eugenesia: el best seller Crisis of the Population Question (1934) y su secuela Nation and family (1940).

 

Unas 63.000 personas (el 90% mujeres) fueron esterilizadas bajo un programa de “pureza racial” legislado por el gobierno entre 1934 y 1976, como parte de una limpieza étnica. Algunas de las víctimas contaban con tan solo 15 años. Los motivos: la falta de vista, el carecer de juicio (sentido común) o no tener “ningún concepto obvio de ética”.

Niños huérfanos fueron forzados a someterse a la operación como condición para poder salir del orfanato. Mujeres embarazadas, que acudían a realizarse un aborto porque los fetos estaban dañados, debían consentir en ser esterilizadas si querían abortar. Los ciudadanos podían solicitar que el estado esterilizara a sus vecinos si los consideraba problemáticos.

En 1999 el gobierno sueco anunciaba el pago de 15.000€ a cada víctimas superviviente de aquel programa, manteniendo la esterilización obligatoria si se deseaba cambiar de sexo hasta 2012.

 

La labor de Suecia en el movimiento eugenésico no se limitó únicamente al interior de su país. El Statens Institut för Rasbiologi (SIFR), y su director Lundborg, servirían de enlace entre los eugenistas de Alemania y Rusia con los demás eugenistas del mundo durante momentos de tensión mundial:

El final de la Primera Guerra Mundial supuso la exclusión de los científicos alemanes y rusos del Segundo Congreso Internacional Eugenésico, celebrado en 1921 en Nueva York, lo que supuso el acercamiento entre ambos países, formalizado con la creación del Instituto alemán-ruso para la Investigación Racial.

Así Suecia continuó trabajando con ambos, actuando como mediadora internacional. Lundborg usó incluso sus influencias en la comunidad de científicos para acabar el aislamiento alemán.

En 1924, visitaban el SIFR eugenistas y biólogos raciales de Alemania, Italia, China, Estados Unidos, Canadá, Finlandia, Austria, Estonia, Checoslovaquia y Suiza. Hasta ese momento el instituto había servido de punto de conexión entre los eugenistas alemanes, franceses e ingleses.

 

El SIFR inspiraría la creación del Instituto Kaiser Guillermo para estudios relacionados con la eugenesia, en Alemania. (Ya hablaremos en otro capítulo de quién financió dicho centro).

De hecho, el ideólogo de la importancia de la raza en la Alemania Nazi Hans F. K. Günther -conocido como Rassen Günther- colaboró activamente con el SIFR, pasando los años de 1923 a 1929 entre Suecia y Noruega, llegando a recibir un premio del instituto sueco.

Muchos otros grandes eugenistas alemanes interactuaron con los suecos en múltiples ocasiones, como Ernst Rüdin, que recibió numerosas visitas de sus homólogos suecos en el Instituto Munich; Erwin Baur, que daba charlas sobre eugenesia cada vez que visitaba a sus amigos eugenistas suecos; Fritz Lenz, quien realizó hizo un tour dando conferencias por toda Suecia, etc.

 

Cabe añadir que Lundborg, para completar su trabajo más importante Las Características Raciales de la Nación Sueca, solicitó ayuda a antropólogos rusos y ucranianos para que inventariasen las razas de Europa, para lo cual recibió subvenciones de la Fundación Rockefeller, siendo publicado por el Instituto Gallach en España.

Las Características Raciales de la Nación Sueca posicionó a Suecia como líder en la biología racial a nivel internacional, siendo publicado en inglés, sueco y alemán.

Tipos nórdicos (teutónicos)

 

De pronto, en 1936, al retirarse Lundborg, su sucesor, el socialdemócrata Gunnar Dahlberg dio un giro en los estudios a tratar en el SIFR, abandonando los estudios raciales alegando que no hay razones para creer que en Suecia ha existido alguna vez una raza nórdica pura, que posteriormente fue diluida”, riéndose públicamente de su predecesor. Paradójicamente, sería bajo un gobierno Social Demócrata que comenzaron las esterilizaciones, con las Actas de 1934 y 1941, al anteponer las necesidades de la sociedad frente a las del individuo, justificando la esterilización hasta en casos de “estilos de vida antisociales”.

Para ello, se encargó al arquitecto Hakon Ahlberg que diseñara un hospital mental que “existiera, sin ser visto”. Y así fue como construyeron el Sidsjön, a las afueras de Sundsvall, en medio de una arboleda; con sus empleados viviendo allí mismo, su propio cementerio y tirando las cartas que los pacientes escribían a sus seres queridos.

 

Aunque el gobierno sueco reconoce de forma oficial 60.000 esterilizaciones, se desconoce el número total real de personas esterilizadas pues, si bien después del Acta de 1941 se exigía un informe médico (que no el permiso expreso del paciente), a partir de 1976 se anuló cualquier requerimiento de permiso, y se sabe que el número de víctimas se disparó, conservando la esterilización obligatoria hasta enero de 2013 para casos como el cambio de sexo. Se calculan unas 500 víctimas de esta última condición.

En 1997, los etnólogos Mikael Eivergård y Lars-Eric Jönsson intentaron estimar el porcentaje de víctimas sometidas a la esterilización contra su voluntad, encontrando que al menos 15.000 personas fueron coaccionadas con someterse a dicha cirugía si querían ser liberados (instituciones mentales) y otras 6.000 fueron presionadas de distintas maneras.

Otros investigadores hablan de un mínimo de 63.000. Sin embargo, una comisión oficial, presidida por Carl-Gustaf Andrén habla de un total de 230.000 personas esterilizadas (contra su voluntad o voluntariamente -muchas bajo coacción) entre 1935 y 1996.

La Suecia que una vez declaró la protección oficial de la “raza nórdica”, estableciendo el SIFR por un consenso entre sus intelectuales y su élite, es la Suecia que hoy, con una élite similar a la de antaño, vuelve a llegar a un consenso, esta vez para rechazar su legado; utilizando el instituto de Lundborg para adoctrinar sobre los peligros del racismo y aleccionar sobre la democracia, con exhibiciones para mostrar que las razas no existen, como la llevada a cabo en 2007 por el Forum för Levande Historia (Forum para la Historia Viva), una agencia para la formación de la opinión pública, creada por el gobierno en 2003.

 

RUSIA

La Unión Soviética veía la eugenesia de una forma distinta a Europa o Norteamérica, usándola como una herramienta para organizar la sociedad. Stalin definió la “nacionalidad” principalmente por el idioma, pero muchos campesinos, carente de cualquier sentimiento nacionalista, equivocaban la respuesta al ser preguntados por su nacionalidad, por lo que el uso de la misma lengua no implicaba que se identificaran con la nación. En dichos casos, las autoridades soviéticas empezaron a censarlos con otras nacionalidades, empleando la etnia y antropología para clasificarlos, trazando nuevas fronteras administrativas internas, desplazando gradualmente el principio de autoidentificación hasta el punto de que millones de personas fueron registradas en nuevos grupos étnicos y nacionalidades por mera decisión administrativa, estableciéndose programas para consolidarles con esta nueva identidad asignada.

Así pues, como describiría la historiadora Francine Hirsch, la URSS empleó un sistema de “evolucionismo promovido por el estado” basado en las teorías marxistas del desarrollo humano, exhortando a los líderes soviéticos a otorgar la nacionalidad a los clanes feudales y tribus con el fin de empujarlos hacia el ansiado socialismo, creando “un imperio de naciones”.

 

En el campo de la eugenesia, el pionero ruso por excelencia fue el decano Iurii Aleksandrovich Filipchenko, quien creó el primer laboratorio genético en Rusia en 1918, que acabó convirtiéndose en la Oficina de Eugenesia en la Academia de Ciencias Rusa en 1921, sirviendo de base para el Instituto de Genética en la Academia de Ciencias de la URSS.

Los libros de Filipchenko fueron traducidos a todas las lenguas que se hablaban dentro de la URSS, y distribuidos entre la población. Así mismo, su departamento formó a muchísimos eugenistas, colaborando activamente con otros especialistas europeos y estadounidenses.

 

Realizando estudios sobre la relación entre raza y sangre destacó el bioquímico E. O. Manoiloff, en el Instituto de Cirugía Neuropatológica de Leningrado, quien estableció un método para distinguir la identidad de un individuo mediante una reacción química de una muestra de sangre, alegando haber descubierto “un ingrediente racial: La determinación de las distintas razas mediante la sangre, con la ayuda de reactivos -en nuestro caso para distinguir la sangre judía de la rusa- da el resultado correcto en el 91.7% de las pruebas realizadas.” Parece ser que la sangre rusa se mantenía rojiza, mientras la judía se volvía de color azul verdoso; “en los matrimonios de raza pura, la sangre de los hijos tenía la misma reacción que la del padre o la madre”.

Estos resultados atrajeron la atención internacional, llegando a ser publicados en el American Journal of Physical Anthropology estadounidense.

 

Los soviéticos, al igual que los suecos y los alemanes, se interesaron mucho por los judíos, hasta el punto de que la Sociedad de Eugenistas Rusos creó una comisión especial para el estudio de la “raza judía”, publicando resultados que los posicionaban por debajo de otros grupos étnicos.

Sin embargo, rechazaban aplicar la esterilización eugenésica por motivos raciales, aunque sí por motivos sociales o aplicado a personas con enfermedades mentales o criminales reincidentes, en un intento de disminuir los peligros que su reproducción supondría para la sociedad.

Eso no significa que no hubiera propuestas al respecto: Aleksandr Serebrovskii hablaba de aplicar una forma “auténticamente socialista” de ingeniería eugenésica para impulsar la superioridad soviética mediante “la separación del amor de la reproducción”, inseminando a las mujeres artificialmente con “esperma recomendado de un donante talentoso”.

 

En 1930, el gobierno soviético desmantelaba los institutos y laboratorios relacionados con la eugenesia y biología racial ante el temor a ser acusados de fascistas, catalogando la eugenesia de “doctrina burguesa” en La Gran Enciclopedia Soviética.

Con Stalin, la antropología soviética reflejaba estrechamente la línea oficial del partido de que las razas reflejaban ciertas etapas del desarrollo histórico y que, en la evolución de las sociedades, a lo largo del tiempo, las razas se mezclarían y los rasgos raciales se volverían menos distintos, para finalmente desaparecer por completo. Este esquema interpreta el mestizaje como un subproducto del desarrollo sociohistórico, una medida y signo de progreso; la idea arquetípica de hombre soviético fue imaginado como un híbrido racial. Por lo tanto, los antropólogos soviéticos tuvieron que “asumir que la raza no existe», argumentando que la «cara racial actual» de la tierra debería entenderse como una «fase».

(Recuerda a un movimiento global que vivimos en la actualidad…)

 

A la muerte de Stalin, la URSS volvió a abrirse a los estudios de biología racial, aunque sus científicos descubrieron con tristeza cuan atrasados se habían quedado. Para 1961, Valerii Bunak, quien había colaborado años antes con el director del SIFR sueco, Lundborg, afirmaba que “las razas están clasificadas por líneas dicotómicas morfológicas; por ejemplo, las razas de piel clara se distinguen por cabezas con formas largas y anchas, que a su vez se subdividen aún más por líneas análogas.”

 

Ese año, Bunak sería admirado como el científico más prestigioso de la Unión Soviética, reconociéndose “sus decisivas aportaciones a la lucha contra las ideas racistas anticientíficas de algunas figuras escolares, políticas y sociales reaccionarias de países capitalistas,” así como sus aportaciones a “la genética, el darwinismo (…) o la antropología étnica”.

Mientras, el gobierno soviético continuaba en su lucha por defender que todas las razas son iguales, dándose la contradicción de que trabajaban para prevenir que las razas minoritarias se extinguieran, pues eran necesarias para los estudios de las mismas, mientras buscaban la desaparición de las diferencias entre razas mediante mezclas, de cara al futuro.

Hoy, la actual Rusia continúa sus estudios acerca de las diferencias biológicas, físicas y psicológicas raciales, los genotipos y genofondos.

 

Como curiosidad, veamos qué opinaba Karl Marx de Darwin en un extracto de la carta que le enviaba a Engels, el 18 de junio de 1862:

 “En cuanto a Darwin, al que he releído otra vez, me divierte cuando pretende aplicar igualmente a la flora y a la fauna, la teoría de “Malthus”, como si la astucia del señor Malthus no residiera precisamente en el hecho de que no se aplica a las plantas y a los animales, sino sólo a los hombres –con la progresión geométrica– en oposición a lo que sucede con las plantas y los animales. Es curioso ver cómo Darwin descubre en las bestias y en los vegetales su sociedad inglesa, con la división del trabajo, la concurrencia, la apertura de nuevos mercados, las “invenciones” y la “lucha por la vida” de Malthus. Es el bellum omnium contra omnes [la guerra de todos contra todos] de Hobbes, y esto hace pensar en la Fenomenología de Hegel, en la que la sociedad burguesa figura bajo el nombre de “reino animal intelectual” mientras que en Darwin es el reino animal el que presenta a la sociedad burguesa… “

 

 Fin de la segunda parte.

 

 

Xiomara

Tengo miedo de lo políticamente correcto, antes me aburría, ahora me preocupa. Yo no veo razas, veo culturas que no pueden integrarse juntas. Si es difícil que una persona cambie, miles de ellas...

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