Ante todo, ruego disculpen mi ignorancia si equivoco algún término o expresión en lo que vengo a contar hoy.

No soy especialista -ni lo pretendo- en el tema de la ideología de género; y como voy a hablar de todo lo que ha derivado de dicha filosofía, y no de la ideología en cuestión, no tengo porqué investigar más de lo necesario sobre ese tema en pro de elaborar mi exposición.

 

Así pues, partamos de la definición que la Wikipedia le da -con toda la imparcialidad que caracteriza a una «enciclopedia» en la que cualquiera puede escribir-:
“El concepto mezcla ideas originarias de la teoría queer (el género como construcción social), el construccionismo social (los roles sociales y de género), el feminismo (la igualdad social y legal entre hombres y mujeres), o los estudios de género (sobre la transexualidad y la diferencia entre identidad sexual o de género y sexo biológico)”

Y como ya hay ciento y la madre de críticas con respecto al desglose anterior, centrémonos en las variantes que todo esto ha generado, y por lo que acuso a los extremistas de la ideología de género de haber abierto la caja de Pandora.

 

Transedad, tranespecie (otherkin), transraza, ecosexualidad, objetofilia, zoosexuales (zoofilia), pedofilia, etc.

Hasta hace unos años, no hacía falta ser psicólogo para asumir que si una persona se creía un gato o decía estar enamorada de una lámpara, algo no iba bien con esa persona. Mínimo, requería de un tratamiento con especialistas de la salud mental. (De hecho, hasta hace algunos años más ocurría lo mismo con los transexuales y homosexuales).

Hoy, estas personas reclaman que, ya no la sociedad, sino la ley les reconozca y proteja su derecho a ser de otras especies, a cambiar de edad, o a casarse/tener relaciones sexuales con un objeto o planta, amparándose en las decenas de géneros que se están aceptando legalmente, o igualando su circunstancia a las personas con disforia de género.

 

A este carro se han subido también los pedófilos/pederastas, quienes cuentan con su propia organización en Estados Unidos (NAMBLA) que maneja una página de internet con el mismo nombre, así como existen varios grupos en Facebook (a estos no se les censura).

Incluso llegaron a enviar una delegación a la ONU para reclamar sus derechos en lo que ellos exponen como una lucha por los derechos de los niños a tener relaciones sexuales con adultos.

(Evidentemente, aquí se está hablando de los que son “procontacto”, es decir, que no tienen interés ni intención de controlar su atracción sexual por niños, sino que reclaman poder tener relaciones con ellos legalmente).

Nambla no es una organización surgida hace 2 días… Su fundación data de 1978

En los años 90, estrenaban un documental llamado Chickenhawk (hombres que aman a niños). En el participaban -mostrando sus rostros- varios miembros de la organización, a la par que contaban sus periplos sexuales con menores: «La edad es una construcción social», defienden.
(Me recuerda a aquello de «el género es una construcción social»…)

 

Por otro lado, están los zoofílicos, que ahora se hacen llamar zoosexuales y defienden que “los zoosexuales no hacen daño a los animales, ni quieren tener una relación con tu mascota o cualquier animal que vean por la calle. Toda relación es con el consentimiento o aprobación de ambas partes. Y por si no te habías dado cuenta, los animales también expresan aprobación o desaprobación”.

 

Tanto pedófilos procontacto, pederastas, como zoosexuales están íntimamente relacionados con los movimientos trans de los que hablamos pues muchos transespecies admiten practicar sexo con animales, así como ya se han visto casos de acogerse a la transedad para anular la acusación de pederastia.

Entonces, ¿dónde está el límite?

Porque, si una persona que nace biológicamente mujer tiene derecho a que se le reconozca el cambio de sexo a hombre… ¿Por qué a una persona que nace mujer no puede reconocérsele el derecho a cambiar de especie? Y, una vez convertida en “gato” -ver chica del vídeo-, tener relaciones sexuales con gatas no sería zoofilia, sino dos gatos apareándose… Sería un transespecie zoosexual, por la misma regla de tres de que un hombre trans que tiene relaciones con una mujer es hetero, no lesbiana.

 

El “gato” del vídeo, Nano, reclama que se sirva Whiskas en los Burger King, cubos de arena en baños públicos y que, en las entrevistas de trabajo, los entrevistadores sepan maullar. Además, quiere ser amparado legalmente bajo los derechos de los animales y no de los humanos.

Si comparamos la reclamaciones de Nano -quien por cierto recalca que es un gato, no una gata- con las de aquellos que exigen baños sin género o que se les trate usando pronombres como “ello” o incluso “ellos”, debido a su ausencia de género o la pluralidad del mismo… Yo no veo ninguna diferencia.

Al igual que ellos, Nano culpa al patriarcado y al capitalismo de no sentirse aceptado en sociedad.

Otros casos similares al de Nano pueden ser los de un hombre que dice ser un pájaro y otro que dice ser una cabra. Ambos aseguran que no sienten atracción sexual por animales sino por humanos. (No he encontrado la palabra que define a un animal que siente atracción por un humano, lo siento).

 

Enumeremos algunos casos más:

  • Transedad: Stefonknee Wolscht: tras 27 años de matrimonio y ¡7 hijos!, se dio cuenta de que era no sólo transexual sino transedad. Stefonknee es hoy una niña de 6 años llamada Stefany, que ha sido adoptada por una pareja con hijos y nietos. De hecho, inicialmente Stefany tenía 9 años, pero la nieta de 8 del matrimonio que la adoptó le pidió que tuviera menos edad que ella porque quería una hermana pequeña; así pues, Stefany pasó a tener 6 años.

Pregunta: Si Stefany tuviera relaciones sexuales con un menor de edad, ¿sería pederastia?

Así ha ocurrido en Chicago, EE. UU., donde Joseph Roman ha declarado ser un niño de 9 años atrapado en el cuerpo de un hombre de 38, al ser acusado de abusar sexualmente de tres niñas de entre 6 y 8 años de edad.

 

  • Transraza: Rachel Dolezal nació en Montana, siendo genéticamente parte de una familia de raza caucásica, aunque creció sintiéndose identificada con multitud de razas, principalmente la negra.

En su obsesión con la misma, consiguió una beca completa para la universidad Howard en Washington D.C.: una universidad históricamente negra, y cuya oficina de admisión alucinó al descubrir que habían becado a una blanca.

En 2002, Rachel denunciaba a la universidad, acusándoles de negarle una posición como profesora por ser de raza blanca.

Poco a poco fue “transformándose” en una persona de raza negra, llegando a convertirse en la presidenta de NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color).

En 2016, Rachel cambió su nombre por Nkechi Amare Diallo.

Muchas son las personas negras que la han atacado acusándola de ser un fraude, pues sus orígenes son suecos y alemanes (resulta que los suecos y alemanes son de lo más caucásico que hay, porque cuando interesa sí que hay razas nórdicas).

La acusan también de Apropiación Cultural Indebida, lo que viene a significar que los blancos no pueden hacer, ni decir, ni imitar nada de otras razas, pero al revés sí: las demás razas pueden incluso discriminar, humillar y despreciar a la raza blanca.

 

  • Transespecie: Dentro de los transespecies -también llamados otherkin- encontramos una diversidad más amplia de lo que podría parecer, ya que no sólo pueden ser animales reales atrapados en cuerpos humanos, sino que también pueden ser seres ficticios o que no se puede probar su existencia como vampiros, dragones, dioses o extraterrestres. Veamos algunos:

-Elfo: A sus 25 años, el argentino Luis Padrón había gastado más de 30.000 dólares y llevaba 30 cirugías para ser el elfo que realmente es.

 

-Muñeco: Rodrigo Alves lleva 60 operaciones estéticas y 450.000 dólares invertidos en ser Ken, el amigo de Barbie. Afirma que cuando envejezca quiere cambiar de sexo y ser Barbie, luego será un transespecie transexual.

 

-Alienígena: Con 110 cirugías por valor de 47.000 euros, a sus 22 años, Vinny Ohh es un alienígena asexual. Su sueño es no tener pezones ni genitales, pero los médicos no se atreven. Consideran que es demasiado joven para tomar una decisión que no tendrá vuelta atrás, pues en el futuro no tendrá “material” para reconstruirse genitales masculinos o femeninos, en caso de arrepentirse.

 

-Animales: Dennis Avner y Eric Sprague modificaron sus cuerpos para parecer un tigre y un lagarto respectivamente.

 

-Dioses o seres espirituales: “Podría decir que lo más cercano a mi identidad es un serafín o un ophanim. Un serafín es un espíritu creado, no ya a imagen y semejanza de Dios, sino como parte o esencia de él. Su aspecto es el de un ángel, pero con tres pares de alas”. Así intentaba describir su identidad Miguel a la revista VICE.

-Ciborg: Neil Harbisson ha sido reconocido como un ciborg por el gobierno británico, constando así en su pasaporte. Lleva una antena implantada en la cabeza que le permite ver y percibir colores invisibles como infrarrojos y ultravioletas así como recibir imágenes, videos, música o llamadas telefónicas directamente a su cabeza desde aparatos externos como móviles o satélites. Su conexión a satélites le permite percibir frecuencias procedentes de fuera de la tierra.

Ha creado la Fundación Ciborg para que otras personas puedan decidir que “órganos tecnológicos” quieren añadir a sus cuerpos.

 

  • Ecosexualidad: Emma McCabe quiere casarse con un árbol llamado Tim, después de disfrutar con dicho árbol del “mejor sexo de su vida”. Confiesa que a veces “mira para otros árboles”, pero que nunca le será infiel. Quedan 4 veces a la semana…

 

  • Objetofilia: El sentir atracción emocional, sentimiental e incluso sexual por objetos inanimados es más común de lo que pueda parecer. Así existe hasta una web –Objectum-Sexuality– donde pueden hablar de ello sin esconderse.
    La creadora de la página fue la sueca Eija-Riitta Eklöf, quien estuvo casada con el Muro de Berlín hasta que fuera derribado… momento en el que declaró: “Han mutilado a mi marido”.
  • Otros casos destacados han sido el de Erika LaBrie, quien, tras casarse con la Torre Eiffel, cambió su apellido por lo que ahora es Erika Eiffel; Bill Rifka, en una relación estable con su iBook -aunque dice que a veces coquetea con portátiles-, y quién se considera a sí mismo homosexual dado que entiende que Mac es macho; y Nisan, enamorado del personaje de videojuegos Nemu.

 

Después de ver esta mínima muestra de personas que se auto perciben atrapadas en cuerpos que no sienten suyos, que no son felices cuando se miran al espejo, que padecen rechazo y falta de comprensión por parte de una sociedad que carece de empatía, que no tienen la culpa de amar a quien/lo que aman…

¿Quiénes pueden tener la autoridad moral para juzgar lo que es legítimo y lo que no?

¿Quiénes va a decidir qué amores han de ser protegidos -leyes mediante- y cuáles han de ser despreciados y reducidos a un problema mental?

¿Por qué unos han de ser aprobados y otros rechazados?

 

He encontrado bastante rechazo a los casos anteriormente expuestos en diversos grupos LGTBI, y me ha resultado muy despreciable a la par que hipócrita por su parte.

Leo excusas del tipo “la transexualidad es algo genético”. Me tendrán que disculpar pero no puedo más que resaltar la obviedad de que los rasgos raciales también lo son. Por no hablar de los rasgos que te definen como una u otra especie… ¿O es que la melanina de la piel o el hecho de tener piernas en lugar de patas son cuestiones filosóficas?

 

Invito al lector a sacar sus propias conclusiones en base a todo lo aquí expuesto, y le invito a analizar la que yo misma ofrecía al título de este artículo: El conjunto de movimientos que componen lo que se conoce como la Ideología de Género ha abierto la Caja de Pandora.

Xiomara

Tengo miedo de lo políticamente correcto, antes me aburría, ahora me preocupa. Yo no veo razas, veo culturas que no pueden integrarse juntas. Si es difícil que una persona cambie, miles de ellas...

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