Machista, fascista, racista, xenófoba, facha… la lista de apelativos con los que muchos os dirigís a mí no es muy larga, aunque sí repetitiva.

Pero ¿sabéis qué? ¡Defiendo vuestro derecho a hacerlo!

 

Cada vez que me juzgáis por un tweet/artículo, aunque considero demasiado precipitado juzgar a alguien -que no criticar- por la exposición de datos verídicos-, os aplaudo por ello. Hacéis uso de la libertad de expresión que tanto valoro, que escasea en estos tiempo que vivimos, y que tiene toda la pinta de que escaseará aún más en breve. Incluso me atrevería a decir que está en peligro de extinción para los disidentes.

Porque ese es el problema: la disidencia.

 

Aclaración: Cuando hablo de derecha, centro o izquierda, no hablo de partidos políticos sino de ideología.

 

Veo en las redes batallas continuas  por decidir si la censura va a por la derecha o a por la izquierda. No señores, va a por la disidencia.

Cuando eres de izquierdas y estás contra Israel, te cae la censura. Eso incluye poner una imagen de Hitler en tu vídeo, aunque sea para usarlo a modo de ejemplo de lo que no se debe hacer, o para criticarlo, como le ocurrió a Quetzal en YouTube.

Cuando eres de centro y vas contra el partido que está obedeciendo correctamente todo lo que la UE, ONU y demás manda, te cae la censura. Eso incluye denunciar la corrupción, a pesar de que actualmente se esté juzgando, como le ocurrió a Alvise Pérez en Facebook.

 

Creo que ya entendéis por donde voy. Esto no es una censura que tenga manía persecutoria contra los seguidores de una ideología concreta. Es una censura que va contra los que no siguen las reglas del juego.

¿Le ocurre más a gente de derechas que de izquierdas? Sí. Lógicamente, es en la derecha donde hay más oposición a los temas que provocan censura ahora mismo: feminismo de tercera ola, movimiento LGTB+, inmigración, movimientos de minorías raciales, etc.

Pero eso no significa que no haya disidencia en la izquierda. Sé de muchas cuentas en Twitter, Facebook y YouTube que son de personas de ideología de izquierda, pero que no casan con la totalidad del ideario, y están siendo perseguidos, discriminados y censurados de igual -o incluso peor- forma que la gente de derechas, pues en sus “filas” son vistos como traidores -algo peor que un enemigo.

 

Además, los parámetros que establecen los algoritmos para la censura no reconocen la ideología del usuario a censurar -o eso dicen-, sino que identifican palabras o imágenes determinadas.

Así, el vídeo censurado de Quetzal, quien es de izquierdas, no entraba en ninguna cuestión disidente sino que argumentaba para desmontar el concepto de “marxismo cultural”. Para ello, se remontó a los orígenes del término, pasando por su uso durante la persecución de los judíos… Y ahí es donde Quetzal considera que YouTube pudo pegarle el hachazo, dado que tuvo que exponer los vínculos antisemitas del mismo.

No es que Quetzal estuviera declarando su antisemitismo o apoyándolo. Simplemente, formaba parte de la exposición de unos hechos para explicar una terminología…

Por tanto, si alguien -aprovechando la falta de sentido común de la maquinita que ejerce de juez, jurado y verdugo- denunció el vídeo de Quetzal por antisemitismo, la censura inició el rastreo de palabras, expresiones e imágenes clave, y se encontró con “odio a los judíos”, “matar judíos” y a Hitler en el mismo vídeo: ¡Pim, pam, fuera!

 

Y ahí es a donde yo quiero llegar. ¿En serio? ¿Cómo no te gustó el contenido del vídeo, lo denuncias y punto? ¿Cómo Quetzal no defiende las mismas ideas que tú, lo denuncias falsamente?

Las personas que recurren a la censura para impedir la libre comunicación de otros, ¿acaso no se dan cuenta de que es un arma de doble filo?

El problema no es que la Unión Europea esté tratando de censurarnos con su artículo 13. No es la ONU con su Objetivo 17, apartado C. Ni siquiera el Gobierno de Sánchez con su derecho a cerrar una web sin orden judicial…

Somos nosotros mismos los que pedimos a gritos esas leyes cada vez que hacemos uso de estas en esos momentos en que nos conviene.

 

Si eres incapaz de soportar la libertad de expresión ajena, pierdes automáticamente el derecho a la tuya propia. Es el efecto rebote; aquello de “escupe para arriba, que te caerá encima”.

 

Yo misma vi el vídeo -ahora censurado- de Quetzal. Y, partiendo de mis ideales, evidentemente no estoy de acuerdo con su opinión -más allá de que los hechos históricos son hechos, y no hay nada que discutir. Y fui yo misma la que preparó, redactó y compartió en esta misma web, una respuesta contra la censura que se le había aplicado injustamente.

Porque puedo no compartir las opiniones de Quetzal, porque puede que jamás pensemos lo mismo en lo que a política se refiere, pero siempre defenderé su derecho a expresarse.

Y, si no me gusta el contenido de su canal, simplemente no lo veo, no lo comparto en mis redes y no le hago publicidad -ni siquiera en un marco crítico porque al final es publicidad.

 

¿Recordáis cómo llegó Podemos hasta donde llegó? Dejadme deciros algo, la primera cadena -con una audiencia a tener en cuenta- que entrevistó al señor Iglesias fue Intereconomía… y de ahí pasó a la Sexta y… bueno, ya sabéis cómo acabó el cuento.

Ahora es la izquierda la que llora porque a base de memes e insultos le han dado un promoción increíble a la campaña de VOX.

 

Os voy a poner como ejemplo un caso que ha causado muchísima discordia: Dani Mateo sonándose con la bandera española.

Partamos de la base de que tengo una bandera española colgando de mi ventana, lo cual ya dice lo que representa para mí.

Yo no me habría enterado de lo que hizo Dani Mateo de no ser por tuiteros de derechas. No veo la Sexta (¿Para qué iba a verla?), y la gente de izquierdas a la que sigo no publicó nada al respecto, bien sea porque no les hizo gracia la broma, porque no le dieron importancia, o porque les hizo gracia pero como cualquier otra broma, nada digno de compartir.

Fue la derecha la que le dio bombo y platillo al asunto. Y fue entonces cuando la izquierda aprovechó para agarrarse con fiereza al gesto de Mateo, usándolo como excusa de defensa de la libertad de expresión, y como muestra del crecimiento del fascismo en nuestro país.

 

¿Me importa mi bandera? ¿Me duele? Por supuesto. ¿Es literalmente un trozo de tela? Sí, pero con un significado más allá de los hilos que la componen. En ella veo el símbolo de una nación con su propia cultura, tradiciones, historia e identidad. El símbolo de unión de un pueblo. Veo el sacrificio de muchos que incluso han dado su vida por defender lo que representa, desde las víctimas de ETA, pasando por militares y civiles, hasta policías y guardias civiles.

 

Pero enfrentarse al derecho de Dani Mateo a hacer una broma con la bandera me recuerda a lo ocurrido con Charlie Hebdo, cuando dos personas decidieron que su “derecho a no ser ofendidos” estaba por encima del derecho a la libertad de expresión de los caricaturistas del semanario, y se tomaron la justicia por su mano.

Y no me digáis que no tiene nada que ver porque aquello fue un atentado terrorista. Lo que desató la ira de los atacantes, y convirtió al semanario en el foco del ataque, fue que hicieron una broma respecto a Mahoma. Se catalogó de terrorismo porque la intención fue la de generar terror con el fin de evitar nuevas burlas con respecto al profeta.

Y eso es lo que hacemos nosotros en las redes: generar terror apabullando, atacando en masa y censurando todo lo que no es de nuestro gusto. Destruyendo la vida de otras personas con nuestro afán por juzgar lo que es correcto solo desde nuestro espectro emocional y político.

 

Te puede indignar y doler el gesto de Mateo. Es una reacción legítima. Por ello, no le des bombo, no le veas, no le leas, no acudas a sus obras, no vayas a su restaurante… no le des cabida en tu vida a alguien que te hace daño o te genera mal estar. Y si no puedes controlarte, exprésale lo que sientes en la red; pero no le censures, no hagas campaña en su contra, no luches contra su libertad de expresión porque es el mismo derecho que te ampara a ti, y es contra ese derecho contra lo que te estás enfrentando. … y si no, no te quejes cuando se vuelva en tu contra.

 

Ayer fue a Dani Mateo al que le cancelaron su obra de teatro por una broma que te ofendió; hoy es a una revista de la asociación judicial Francisco de Vitoria la que es condenada a pagar 50.000€ a Irene Montero por un poema que ofendió a otros. Y así sigue una lista increíble de atentados contra la libertad de expresión de todos.

(En esta lista no entran raperos que cantan amenazas de muerte; evidentemente, eso cruza la línea de la libertad de expresión para convertirse en un delito, me da igual su ideología).

 

¿Acaso no os dais cuenta de que censurar/destruir porque me ofende es la base de esos movimientos contra los que disentimos? (Feminismo, LGTBI, minorías, etc.) ¿En qué nos diferenciamos si actuamos igual, si usamos sus mismas armas?

Hemos tirado tanto del hilo de la censura cuando nos ha convenido, que nuestros gobiernos lo han usado en nuestra contra, y ahora tenemos que ver cómo el sacrificio de los 12 asesinados y los 11 heridos de Charlie Hebdo fue en balde, mientras se convierte en delito blasfemar contra Mahoma en Europa.

 

Y esto no se limita a las redes sociales. Se extiende a nuestra vida diaria:

Encuestas en distintos puntos de Europa revelan que la población se siente más segura con el ejército patrullando las calles, con arcos de seguridad en centros comerciales, con cámaras de vigilancia por todas partes, con gente espiando en las redes, etc.

No señor. No es a mí a quien tienen que vigilar. No soy yo el peligro para los demás. Son ustedes -los que ostentan el poder- los que pueden controlar las fronteras, los que tienen acceso a “chivatazos” para saber a quien vigilar de cerca, los que permiten la expansión del radicalismo al aceptar que países extranjeros financien la construcción de centros de culto de ideologías extremas en nuestros territorios. Son ustedes los que, con su ansia de dinero y poder, inventan conflictos que no existen como excusa para iniciar guerras desestabilizadoras e innecesarias, y que solo han generado hambre, miseria y odio; hambre, miseria y odio que ahora importan.

Pero nosotros seguimos cediendo libertades y derechos, y después nos llevamos las manos a la cabeza cuando llegan los cambios a la Ley de Protección de Datos para poder acceder y conservar legítimamente todo lo que hagamos con conexión a internet.

 

En otras ocasiones, nos seducen con chips de ubicación para proteger a nuestros hijos en caso de que sean secuestrados, o a nuestros mayores con Alzheimer por si se pierden. Los mismos chips que se pueden utilizar para trabajar en una empresa, teniendo el acceso a todas las instalaciones de la misma cómodamente instalado en la muñeca. Chip que ya permite realizar pagos en algunos comercios porque accede también a toda nuestra información bancaria.

Nació con el nombre de transhumanismo, camuflado bajo la bioética actual, y nosotros aplaudimos mientras nos meten el Gran Hermano dentro de la carne. Es más, pagamos para que lo hagan.

 

Cada día alguien me pregunta cómo podemos detener todo esto.

Empieza por ti mismo. Parar esta censura está al alcance de tu mano. Sé tú el que dé el primer paso.

Evidentemente, puedes no estar de acuerdo con todo lo que aquí expreso pero, por favor, apoya mi derecho a expresarlo.

Yo seguiré luchando por tu derecho a mostrar disconformidad conmigo, a llamarme gilipollas porque es un vocablo común del habla española, a juzgarme de racista sin siquiera conocerme, a odiarme por ser blanca mientras no muestres violencia, o a bloquearme en Twitter, porque esa es la mejor censura que hay: dejar de leer lo que no me interesa.

 

Xiomara

Tengo miedo de lo políticamente correcto, antes me aburría, ahora me preocupa. Yo no veo razas, veo culturas que no pueden integrarse juntas. Si es difícil que una persona cambie, miles de ellas...

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