A ver cómo inicio esto sin que en el primer párrafo alguien hiperventile y me exija que pida disculpas tan sólo por mi condición de mujer blanca, heterosexual y no “femichancla”. Os adelanto desde ya, que no voy a disculparme por nada de lo que vaya a decir. Y la principal razón es porque tengo más motivos para estar ofendida y vomitar sapos y culebras que para andar de orejas gachas pidiendo perdón. Ahí lo lleváis.

No se habla de otra cosa desde que el pasado sábado se celebrase la gala de los premios Goya. Y no porque en España seamos muy cinéfilos (al menos no de cine español) sino porque cada año es una polémica y la táctica para tocarle la moral (por no decir los cojones) al espectador es fina y depurada edición tras edición. Tan sólo un par de días antes, este simulacro de “feministas” (y con simulacro estoy siendo muy generosa) consiguieron que las azafatas de eventos como la F1 perdiesen un trabajo muy bien remunerado porque según ellas, cosifica a la mujer. Desvirtúan tanto el lenguaje que ahora llaman lucha por la dignidad de la mujer a lo que realmente es envidia de la de toda la vida. De la cochina, además. Pues nada, alfombra roja (como el pensamiento) y abanicos a conjunto. Actrices a medio vestir que nada tienen que ver con las azafatas de eventos deportivos. Ellas son más dignas. Pueden vestirse así porque pelean por la igualdad de derechos en el mundo del cine entre hombres y mujeres. Ahá…claro, claro…

Cabe mencionar que no debemos pasar por alto que, si estás invitada a los Goya, si eres lo suficientemente importante como para que te inviten, ya te habrás desnudado en pantalla unas cuantas veces, (salvo que seas Carmen Machi) habrás tenido más de una escenita subida de tono y posiblemente tus desnudos hayan sido inspiración de alguna que otra pajilla adolescente (y no tan adolescente). Si estás sobre la alfombra roja de los Goya, es que ya te dejaste cosificar, ya fuiste un objeto. Por amor al arte eso sí.

Pocas películas españolas (sobre todo del rollo Almodóvar) se libran de la escena de sexo de rigor, del desnudo de la actriz de moda, de la decadencia y de preferencias sexuales que oye, está muy bien que cada cual haga lo que quiera con su cuerpo, pero como espectadora, de verdad, no es necesario.
¿Quién no recuerda a nuestra Pé con apenas 18 años siendo empotrada por el que ahora es su marido a los pies de un toro de Osborne en el film “Jamón Jamón”? ¿Y qué tal que Pé pasara sin pena ni gloria hasta que llegó a Hollywood y comenzase a salir con gente tan poco popular (nótese la ironía) como Tom Cruise?
A mí que me perdonen, pero actrices como Penélope Cruz, si no han enseñado carne o se han liado con alguien más popular que ellas, no han llegado demasiado lejos. Véase también el caso de Elsa Pataky. Y ahora que se me tiren al cuello los fans o las feministas que no hay nada más placentero que ver como rabian cuando les pasas la sal por la herida. Por eso me tocan tanto la moral estas ofendiditas. Estas mujeres que pretenden ir de heroínas, de estandarte de una causa como Leticia Dolera, que ahora es tan feminista, que se condena y pide perdón por cosas que ella misma ha dicho porque en su afán de ser súper abierta de mente, súper tolerante, súper feminista, a veces patina y mete la pata. En breve la veremos flagelándose en público o algo por el estilo (como pedir perdón por ser blanca que ahora es tendencia entre las actrices occidentales).

Dolera es otra de las que no se libra de haber aparecido desnuda o teniendo escenas de sexo, que por eso está donde está y no es tan sólo un extra, por ejemplo. Y eso está bien, ella eligió en su momento y mostrar su cuerpo en la pantalla grande le ha reportado ganancias y popularidad. A ver ahora por qué va de reivindicativa cuando la que se ha dejado tratar como un florero ha sido ella en primer lugar. Era muy fácil rechazar un papel con ciertos requisitos si de verdad tus convicciones son fuertes. Pero claro, la fama, el reconocimiento, el dinero, son muy golosos. Me parece una actitud tan cínica haber subido a base de hacer algo cuando por menos aplaudes que se deje en el paro a estudiantes que se ganan la vida sin tener que desnudarse o hacer escenas de sexo… Coherencia…¿Dónde estás?

Otra cosa que me impacta bastante es la supuesta responsabilidad que nos delegan desde el gremio a nosotros que sólo somos el público. ¿Acaso nosotros tenemos potestad para decidir qué actriz hará uno u otro papel? ¿Tenemos autoridad suficiente como para exigir que el reparto, la dirección y la producción sean exclusivamente mujeres? ¿A qué viene eso de “+ Mujeres” cuando el público lo que quiere realmente son “Entradas + baratas”? Por más que lo intento no concibo qué tenemos nosotros que ver ahí ni qué responsabilidad nos toca para tal reivindicación.

El caso es que todos muy guapos, de traje de gala o de smoking (alguno que otro alquilado) y viva el postureo abanico en mano como una versión estrafalaria de los Locomía (y ya es difícil). Eso sí, mucho “+ Mujeres” y la representación política era masculina casi en su totalidad.

En esas estamos. Reinvindicaciones hipócritas, prohibiciones absurdas y pobre del que levante la voz y diga que en una gala de cine se debería hablar de cine. En este caso Arturo Valls, para una vez que se puso serio y coherente, no fue de gracioso pero tampoco cayó en gracia. Qué difícil ser correcto y no faltarle a la verdad.
¿Mi conclusión? Actores, actrices, políticos y la sociedad en general, están haciendo el papel de sus vidas.

@AzoteConZeta

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Zooropina

Una vez me dijeron que mi personaje se me había comido. Nunca sabrás si hablas con la rubia o con la pitufa. Censurada en Twitter, colecciono denuncias de la “hiprogresía”. Si hacer y decir lo que te da la gana da gusto, cuando intentan censurarte, es todo un placer. Yo gano.

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